Desde hace dos años, cada 26 de enero se conmemora el Día Internacional de la Energía Limpia, una fecha proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para resaltar la urgencia de avanzar hacia sistemas energéticos sostenibles, seguros y accesibles. Esta conmemoración, además de enfatizar la importancia de impulsar una transición hacia fuentes de energía más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente, busca sensibilizar a la población mundial sobre su papel central en la lucha contra el cambio climático, la reducción de las desigualdades y la construcción de modelos de desarrollo más justos, inclusivos y resilientes.
Durante décadas, las políticas energéticas en Colombia, al igual que en la mayoría de los países de la región, se orientaron hacia el aumento del suministro de energía, priorizando la generación a partir de fuentes convencionales y la generación hidroeléctrica. Este enfoque, aunque en su momento permitió consolidar la infraestructura energética del país y atender el crecimiento de la demanda, evidenció con el tiempo sus limitaciones frente a los crecientes desafíos climáticos, ambientales y sociales.
Reconociendo la necesidad y la urgencia de transformar el sector energético, impulsamos hace más de 12 años en el Congreso de la República, la Ley 1715 de 2014, conocida como Ley de Energías Limpias, con la que marcamos un hito y el nuevo camino de integración de las Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (Fncer) al sistema energético nacional. En ese momento, lo hicimos convencidos de que el país no podía seguir dependiendo exclusivamente de un modelo energético vulnerable y extractivo, con un acceso limitado y excluyente.
Unos años más tarde logramos otro hito, la promulgación de la Ley 2099 de 2021 de Transición Energética, en la que incorporamos modificaciones y adiciones a los incentivos creados por la 1715, para dinamizar el mercado eléctrico e incentivar la utilización de nuevos vectores energéticos como el hidrógeno verde y azul, así como la promoción de la eficiencia energética y la movilidad sostenible.
Con estas leyes no solo sentamos las bases para el desarrollo de las energías limpias, sino que también hemos buscado cerrar la profunda brecha en el acceso a la electricidad que aún persiste entre las zonas urbanas y rurales, así como entre el centro y la periferia. La promoción de las energías limpias, además de responder a criterios ambientales, se sustenta en una visión de equidad y democratización energética orientada a reducir las desigualdades estructurales en Colombia.
Aunque en los últimos años se ha incrementado significativamente la capacidad instalada de energía renovable en el Sistema Interconectado Nacional, todavía persisten muchos obstáculos que impiden que estos avances se traduzcan en beneficios reales y sostenibles para todos los colombianos. Sin embargo, el país cuenta con todo lo necesario para lograr un avance decidido: un marco normativo sólido, recursos naturales abundantes, capacidades técnicas instaladas y un creciente interés de inversión.
Por mi parte, mi compromiso como senador de la República, ha sido y seguirá siendo trabajar para que las energías limpias avancen a través de una transición energética sólida y ordenada que llegue a todos los colombianos, especialmente a las comunidades históricamente excluidas.