Tribuna Parlamentaria 29/08/2026

Ruta para la transición

José David Name Cardozo
Senador de la República

El giro estratégico del actual gobierno en la industria minero-energética exige poner las energías renovables en el centro. Recobrar la soberanía energética de Colombia no pasa por una sustitución abrupta, sino por una transición equilibrada que incorpore fuentes limpias sin asfixiar la relevancia estratégica de los hidrocarburos y la minería. Más que sustituir unas fuentes de energía por otra, el reto está en consolidar un modelo que garantice seguridad, sostenibilidad y competitividad al mismo tiempo.

En estos primeros meses del Ejecutivo que marcarán el pulso de todo un periodo, el sector renovable requiere señales regulatorias claras, estables y coherentes que devuelvan la confianza a los inversionistas. Colombia necesita destrabar el capital hacia la electrificación, el hidrógeno, el almacenamiento y las fuentes limpias, pero entendiendo que la velocidad de esa transición debe ir de la mano con la seguridad y la soberanía del sistema.

Ahora mismo, el gran cuello de botella de las energías limpias en Colombia es el trámite perpetuo en que quedan encerrados los proyectos. Las cifras de SER Colombia son contundentes: existen más de 300 procesos represados y unos 5.086 MW frenados sin poder lograr su cierre financiero. Que el 70 % de la vida útil de un proyecto se diluya en carpetas y permisos evidencia una falla estructural. Este atasco regulatorio deprime la competitividad del sector.

Las trabas en el licenciamiento ambiental y las consultas previas ya han pasado factura. El caso de La Guajira es alarmante: la incertidumbre ha llevado al retiro de proyectos a gran escala que eran la columna vertebral de la transición energética. La tarea urgente del Gobierno es coordinar a las instituciones para que la burocracia deje de ser la sepulturera de la inversión limpia.

Por otro lado, urge expandir la infraestructura de transmisión y distribución, el prerrequisito para que los nuevos proyectos entren a operar. La transición energética se encuentra caminando con un pie cojo: la generación avanza, pero la red de distribución se está quedando atrás. Pretender masificar las fuentes limpias sin expandir la infraestructura de transporte es una ilusión; sin redes modernas, esa energía jamás llegará a donde el país la necesita. De nada sirve generar energía limpia si no hay por dónde transportarla.

Colombia no puede ignorar el potencial de la eólica marina si aspira a una matriz verdaderamente robusta. Sin embargo, el entusiasmo renovable debe ir de la mano con el sentido práctico: la intermitencia del sol y el viento exige la complementariedad del respaldo térmico. Solo un sistema diversificado y equilibrado será capaz de absorber el consumo futuro sin arriesgar la estabilidad de la red ni la competitividad de las tarifas.

Someter al sector energético a los vaivenes de la coyuntura es un riesgo que Colombia no puede correr. El país necesita una hoja de ruta de largo plazo que entienda la complementariedad entre la industria minero-energética y las fuentes renovables. La transición no es un salto al vacío de un extremo a otro, sino un esfuerzo calculado donde cada tecnología aporta a la autonomía eléctrica. Solo con gradualidad, pragmatismo y reglas claras lograremos un sistema verdaderamente limpio, estable y competitivo.

TEMAS


Energía - transición energética