Misión inclusión
Los objetivos en materia de inclusión financiera en Colombia se han medido por indicadores relativamente sencillos: cuántas personas tienen cuenta bancaria, cuántas acceden a crédito formal. Estas métricas son relevantes, pero pueden complementarse con otras que indiquen no solo la capacidad de hogares y firmas de acceder al sistema financiero, sino, de forma más amplia, cuál es su salud financiera. Anif realizó ayer su ya tradicional evento sobre inclusión financiera, buscando discutir precisamente cómo medir esa salud en hogares y empresas.
La distinción conceptual parte de un presupuesto simple. La inclusión financiera es el acceso a productos -una cuenta, un crédito, un seguro-; la salud financiera es la capacidad de operar, crecer y adaptarse. Es la diferencia entre pagar la membresía del gimnasio y tener una rutina de entrenamiento saludable.
Los datos de la Encuesta de Microempresas y Pequeñas Empresas (EMP) de Anif, con información de 2025 y 2026, revelan dónde están los retos. El 37,7% de las microempresas y el 44,7% de los negocios de subsistencia utilizan la misma cuenta para el hogar y el negocio. En paralelo, el 35,9% de las microempresas lleva sus cuentas en papel, en la cabeza o simplemente no hace seguimiento alguno. Los emprendedores navegan sin instrumentos.
La brecha entre lo que se debe hacer y lo que efectivamente se hace es reveladora. Más de 77% de los microempresarios considera importante elaborar periódicamente un presupuesto, pero 71% sigue su instinto en lugar de estructurar un plan. Saben lo que deberían hacer, pero no cuentan con las herramientas ni los hábitos para hacerlo.
Frente a choques de liquidez, solo una de cada tres empresas accede a crédito formal, a pesar de que entre 77% y 82% paga sus deudas a tiempo. La exclusión no se explica por comportamiento, sino por falta de conocimiento. El sistema financiero no cuenta con información suficiente sobre estos negocios para evaluar su riesgo con precisión.
La volatilidad de ingresos de los emprendimientos es una gran talanquera para superar estas barreras. Los datos de Mi Diario Financiero -herramienta desarrollada por Anif con el apoyo de Mastercard Strive- muestran que el coeficiente de variación del flujo neto mensual alcanza 84%, con un flujo promedio de $1 millón. Una cuota fija de $500.000 mensuales sería impagable en varios meses del año, no porque el empresario sea irresponsable, sino por su inestabilidad de ingresos.
El Índice de Capacidades Financieras, construido con metodología Ocde, confirma un nivel intermedio: 65,3 puntos sobre 100 en promedio. Estas empresas conocen conceptos básicos, pero desconfían del sistema y tienen brechas en la capacidad de tomar decisiones financieras y actuar sobre ellas. Solo entre 27% y 42% respondió correctamente una pregunta básica sobre el rendimiento de una cuenta de ahorros.
Las Mipymes son resilientes en sus apuestas de crecimiento -entre 38% y 41% espera expansión en el próximo año-, pero antes de crecer buscan estabilidad. Esa prioridad es también el síntoma de un sistema que debe y puede acompañarlas más. La salud financiera no se decreta con un producto; se construye con información, con tiempo y con diseño institucional que entienda que la volatilidad es una realidad empresarial, no una señal de incapacidad.