Un partido difícil
El gobierno electo de Abelardo De La Espriella entra a la cancha fiscal con un marcador de tres-cero abajo. El primer gol son las cuentas para 2026 presentadas por la saliente administración en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP). Las cuentas de gasto para este año lucen inverosímiles. Las presiones y compromisos fiscales son mucho mayores a los $367 billones de gasto primario -el gasto del Gobierno excluyendo el pago de intereses- contemplados en el MFMP. Anif estima que dicho rubro podría ser cercano a los $387 billones e incluso podría ser mayor. Algunos analistas sugieren que dicho gasto podría ascender a $395 billones, con lo cual el déficit no sería de 5,3% del PIB, como ha anunciado la administración saliente, sino de entre 6,5% y 6,7% del PIB. A la subestimación del gasto se le suma una larga fila de deudas no explícitas del Gobierno con el sector privado, como las de energía y salud. Un gol duro de remontar.
El segundo gol tiene que ver con la sostenibilidad de las finanzas públicas. El MFMP contempla que, para que el país retorne a la senda de balances fiscales planteados por la Regla Fiscal, que ahora se encuentra en suspenso, es necesario, además de un importante recorte de gasto, una reforma tributaria de $30 billones. Es importante escuchar de nuevo el gol en cámara lenta: $30 billones. Dicha reforma sería inédita por su tamaño y afectaría la economía colombiana, las empresas, los emprendedores y las familias. Sería la reforma tributaria más grande de la historia del país. Si no fuera por el impacto potencial de la propuesta, habría que decirlo: qué golazo. Y falta el tercer gol. Una narrativa que buscará bloquear cualquier iniciativa de ajuste fiscal. Bajo el pretexto de que el manejo fiscal fue bueno, exfuncionarios de la administración Petro, huérfanos de poder, buscarán atemorizar a los colombianos frente a las iniciativas para evitar una debacle fiscal.
Es, evidentemente, un partido difícil. Pero, como a veces se dice en las canchas: sí se puede, sí se puede. Lo primero que tendrá que hacer el nuevo Gobierno es sincerar las cuentas y disipar el humo que impide ver con claridad la mala herencia fiscal que recibe. El país tiene que saber que el gobierno Petro dejó unas finanzas públicas en una situación crítica.
Lo segundo es plantear un plan de ajuste fiscal que se construya con base en dos pilares: austeridad y crecimiento económico. Anif viene trabajando en propuestas para reducir el presupuesto de funcionamiento e inversión, protegiendo la inversión social y los programas que benefician a los más vulnerables. El Estado tiene un exceso de gasto burocrático, duplicidad de fondos y funciones. El país tampoco se puede dar el lujo de la mala focalización: subsidios que llegan a hogares de ingresos medios y altos, que no solo no los necesitan, sino que reducen la capacidad del Gobierno de tener una política social efectiva. Hay que sacar a los colados de los programas de asistencia social.
Adicionalmente, el Gobierno necesita más ingresos fiscales, pero los colombianos tenemos fatiga tributaria. Para ello es importante tener medidas tributarias focalizadas y puntuales, como eliminar algunas rentas exentas de personas jurídicas y de funcionarios públicos de altos ingresos, que no impliquen una mayor carga tributaria para la mayoría de los colombianos, y, sobre todo, apuestas sectoriales para que actividades como el petróleo, el carbón, la minería, la infraestructura y la construcción salgan del letargo en que se encuentran y vuelvan a ser grandes protagonistas del recaudo tributario.
Tres-tres. El partido se empata. Y si a este plan fiscal le sumamos una estrategia de financiación que apunte a tasas de interés más bajas, señales de confianza para el sector privado y una mayor inversión extranjera directa, el partido se gana. Es importante que todos los colombianos no sean una hinchada pasiva y se den cuenta de que el futuro de sus familias depende de que este partido difícil salga bien.