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Bienvenida María Consuelo

José Joaquín Ortiz García

El pasado 25 de febrero, la Cámara Colombiana de la Infraestructura inició una nueva etapa con la llegada de María Consuelo Araújo Castro a la Presidencia Ejecutiva. Esta columna busca darle la bienvenida pública y expresar -desde la perspectiva de una firma consultora de ingeniería con trayectoria en el país y miembro activo del gremio- algunos deseos y expectativas frente a lo que viene.

Durante las últimas dos décadas, la CCI ha consolidado un papel institucional determinante en Colombia. Ha acompañado la estructuración de las concesiones 4G y 5G, ha participado en debates regulatorios y legislativos clave, ha fortalecido sus vicepresidencias técnica y jurídica, y ha servido como interlocutor serio ante el Gobierno Nacional y las entidades territoriales. Ha contribuido, además, a darle continuidad institucional a la política de infraestructura más allá de los ciclos políticos.

Este relevo en la Presidencia Ejecutiva representa una oportunidad para evolucionar y llevar ese impacto a un nuevo nivel. Mi primer deseo es que la CCI ejerza con mayor fuerza su capacidad de representación y defensa del sector. Colombia necesita un gremio que no solo reaccione, sino que proponga con claridad una agenda para el fortalecimiento empresarial del sector de la ingeniería.

Empresas sólidas, bien capitalizadas, con talento técnico altamente remunerado y con capacidad de invertir en innovación, son una condición indispensable para construir infraestructura de calidad.
Ese fortalecimiento empresarial debe ir acompañado de otro igualmente crucial: el fortalecimiento de las entidades públicas responsables de estructurar, contratar y supervisar los proyectos. No hay buena infraestructura sin buenas instituciones.

La CCI puede liderar conversaciones sobre capacidades técnicas, estabilidad contractual, formación de funcionarios y modernización de procesos.

Un frente ineludible es la lucha contra la corrupción. No basta con advertir irregularidades en la etapa precontractual. Se requiere también una veeduría más activa durante la ejecución de los proyectos, que permita identificar y visibilizar buenas prácticas, pero también señalar desviaciones, incumplimientos y comportamientos que no estén a la altura de los estándares que el país merece. El sector no puede permitirse volver a contratar reiteradamente con actores que deterioran la confianza pública.

En paralelo, considero fundamental que el gremio impulse una estrategia de pedagogía hacia la opinión pública. La infraestructura no es un concepto abstracto: es agua potable, energía, movilidad y conectividad. Detrás de cada obra hay ingenieros, especialistas, interventores y equipos técnicos cuya labor rara vez es reconocida en su justa dimensión. Elevar el prestigio del ingeniero colombiano no es un asunto simbólico; tiene efectos concretos en la remuneración del talento, en la atracción de jóvenes a la profesión y en la calidad final de los proyectos.

Quisiera añadir un deseo adicional: que la CCI mire con mayor decisión hacia afuera. Como miembro de Fidic, el gremio tiene acceso a contratos estándar, capacitaciones, publicaciones y discusiones técnicas con estándares internacionales. Esa conexión no debería ser marginal, sino estratégica.

En 2026 Bogotá será sede de la conferencia International Chamber of Commerce-Fidic, un espacio que conectará a la comunidad internacional de arbitraje y contratación de infraestructura con el sector colombiano. Ojalá la CCI asuma un papel visible y activo en ese escenario. También sería deseable que el gremio envíe representantes a la Conferencia Global de Infraestructura de Fidic que se realizará en

Delhi en septiembre de 2026. El intercambio de buenas prácticas con otros gremios y asociaciones de países miembros fortalece la visión estratégica, eleva los estándares y amplía la capacidad de incidencia.

Salir un poco de Colombia no significa perder el foco nacional; significa enriquecerlo. Las mejores prácticas internacionales, adaptadas con criterio a nuestra realidad, pueden mejorar la estructuración, la ejecución y la supervisión de los proyectos.

Cuando el país valora la ingeniería, las empresas pueden pagar mejor a sus profesionales. Cuando los profesionales son mejor remunerados y reconocidos, las firmas invierten más en capacitación, tecnología e innovación. Cuando las empresas se fortalecen, el gremio también se fortalece. Y cuando el gremio se fortalece, su capacidad de incidencia en las políticas públicas aumenta. Es un círculo virtuoso que vale la pena impulsar con decisión.

La CCI ha demostrado en los últimos 20 años que puede evolucionar y adaptarse a los retos del entorno. Hoy inicia una nueva fase. A María Consuelo Araújo Castro le corresponde liderarla. Le deseo claridad estratégica, firmeza institucional y la capacidad de convocar al sector en torno a estándares más altos de excelencia, transparencia y proyección internacional.

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