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Todos al tren

José Joaquín Ortiz García

La primera Cumbre Nacional Ferroviaria, realizada esta semana en Paipa, dejó una conclusión alentadora: el ferrocarril vuelve a ocupar un lugar central en la conversación sobre la infraestructura que necesita Colombia. Después de décadas de menor protagonismo, hoy existe un interés creciente por recuperar este modo de transporte y convertirlo en una pieza fundamental de la competitividad del país. El siguiente paso es transformar ese entusiasmo en proyectos concretos.

Colombia tiene cerca de 3.500 kilómetros de red férrea, con diferentes niveles de operación y necesidades de modernización. A nivel nacional, la ANI ha priorizado seis proyectos ferroviarios cuya inversión estimada supera los $94 billones. Una cifra de esa magnitud exige establecer prioridades, estructurar proyectos sólidos, definir fuentes de financiación y generar las condiciones necesarias para atraer inversión privada y extranjera.

En Paipa coincidieron prácticamente todos los actores necesarios para lograrlo: el gobierno nacional y las autoridades territoriales, legisladores, sistemas de metro, responsables de trenes regionales, concesionarios ferroviarios, generadores de carga, transportadores por carretera, firmas de ingeniería, organismos internacionales y potenciales financiadores. La oportunidad está en alinear sus capacidades alrededor de una visión común y construir una hoja de ruta que permita avanzar de manera coordinada.

El país necesita un sistema nacional ferroviario integrado a una red logística multimodal. La experiencia de Fenoco muestra el potencial. Su corredor llegó a movilizar más de 50 millones de toneladas al año y cuenta con capacidad cercana a 100 millones. Allí existe una demostración concreta de lo que puede alcanzar el ferrocarril cuando convergen carga, infraestructura, operación y continuidad.

También vale la pena estudiar con detalle la experiencia de empresas como Argos y Postobón, que ya han utilizado el tren para movilizar productos. Su conocimiento puede aportar información muy valiosa sobre costos, confiabilidad, transferencia de carga, tiempos y condiciones operativas. Escuchar a quienes ya utilizan estos corredores permitiría identificar con mayor precisión las inversiones capaces de generar demanda y aumentar los volúmenes transportados.

El tren tiene ventajas importantes para cargas homogéneas, pesadas y de gran volumen en trayectos largos y con condiciones topográficas favorables. El transporte carretero aporta flexibilidad y capacidad para conectar centros productivos, terminales y destinos finales. Esa complementariedad ofrece una enorme oportunidad: los camiones pueden convertirse en grandes alimentadores de las líneas ferroviarias de larga distancia.

Esta visión hace especialmente relevantes los accesos. Corredores como Villeta-Guaduas, las conexiones hacia Aguachica o la vía Yuma forman parte del sistema que permite llevar la carga hasta el tren. Una imagen utilizada durante la Cumbre ayuda a entenderlo: una espina de pescado, con una línea ferroviaria troncal alimentada por carreteras, terminales logísticas, centros productivos y conexiones fluviales.

El corredor La Dorada-Chiriguaná ofrece una oportunidad extraordinaria para materializar este concepto. Los desarrollos de Transferport, la conexión con Fenoco y nodos multimodales como Puerto Voluntad, en Barrancabermeja, pueden contribuir a consolidar una red capaz de recoger carga a lo largo del Magdalena Medio y conectarla eficientemente con los puertos del Caribe.

El desarrollo ferroviario también requiere conocimiento. Si Colombia quiere recuperar plenamente este modo de transporte, tendrá que formar una nueva generación de profesionales ferroviarios. El Metro de Medellín ofrece una experiencia valiosa: desde su construcción hubo transferencia internacional de conocimiento y posteriormente se desarrollaron capacidades propias de formación, en asociación con entidades como el Sena, además de procesos de investigación, desarrollo e innovación.

Ese modelo puede extenderse a los nuevos proyectos. Los acuerdos con firmas internacionales ofrecen la oportunidad de combinar diseños, tecnología y financiación con programas de transferencia de conocimiento que fortalezcan las capacidades de ingenieros, técnicos, operadores y funcionarios colombianos.

El Reino Unido y la Unión Europea aparecen como aliados naturales en este proceso. Ambos cuentan con una amplia experiencia ferroviaria y ofrecen capacidades técnicas, industriales y financieras que pueden acompañar la estructuración, financiación y desarrollo de proyectos en Colombia, además de facilitar la transferencia de conocimiento para fortalecer nuestras propias capacidades.

El ferrocarril está de moda. Aprovechemos este momento para avanzar y hacer que la próxima Cumbre muestre los resultados de este primer año de convergencia alrededor del tren.

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