¿Qué le pasa a una tienda, una panadería o cualquier otro negocio cuando la suma de todos sus ingresos es de 100 millones y el total de todos sus costos y gastos es de 107 millones? La respuesta es muy sencilla: tiene que reducir sus gastos y aumentar sus ingresos o la consecuencia inevitable es la quiebra. Todo lo demás son tecnicismos.
Que quede claro: a los Estados les pasa lo mismo. Si gastan más de lo que recaudan, se quiebran. En este momento es donde aparecen los tecnicismos: i) hay un nivel de deuda tolerable que, cuando se supera, la situación es delicada o insostenible; ii) el déficit fiscal no puede ser superior a 3% de manera sostenida; iii) lo más importante es que no exista déficit primario, que los recursos alcancen para cubrir las obligaciones excluyendo el pago de intereses de la deuda, y otros indicadores más.
Estos tecnicismos existen porque la sostenibilidad y los tiempos de los países no se miden año a año; estos trascienden a períodos más amplios. Es por esta razón que se habla del mediano y largo plazo. El Estado, en un año como el de la pandemia, puede aumentar considerablemente el gasto público para atender la situación e igualmente puede ver disminuidos sus ingresos por esta misma causa y, en consecuencia, elevar su déficit. Eso puede pasar, es válido. Lo que no puede ocurrir es que esa pérdida que se da en el balance se mantenga en los años siguientes.
En este punto cobra especial importancia el Marco Fiscal de Mediano Plazo, documento que recoge todos los tecnicismos mencionados para indicar y mostrarles a todos los actores de la economía -desde el Congreso, para efectos de los presupuestos públicos y las decisiones tributarias, hasta los mercados que financian el Tesoro- si el país es o no sostenible en el mediano plazo o si, por el contrario, se va a quebrar. Adicionalmente, para garantizar que el país fuera sostenible, existía una Regla Fiscal que obligaba a cumplir los parámetros de cada uno de los tecnicismos. Hoy, el Gobierno de Gustavo Petro, sin justificación alguna, acabó con esta regla y está incumpliendo cada uno de los indicadores de manera injustificada y absolutamente irresponsable. ¿Qué se viene? La quiebra.
Estamos ante una bomba de tiempo. Si no corregimos el rumbo, la ruina está a la vuelta del camino. Con la casa ardiendo, el Gobierno decidió echarle gasolina al fuego y acelerar la crisis con decisiones sin precedentes, como atacar de frente al Banco de la República, generando temor frente a su independencia y poniendo a temblar a los mercados. Igualmente, cambió las condiciones de colocación de deuda pública, disfrazó con operaciones de tesorería la adquisición de más deuda, poniendo en máximo riesgo el financiamiento del Estado. Los mercados hoy le prestan al país a un interés superior a 15% anual. Lo más grave es que las cuotas o vencimientos que están dejando para el próximo año serán impagables y no habrá espacio para adquirir nueva deuda; el país se habrá quedado sin caja y el riesgo de quiebra se habrá acelerado. Cuando una empresa se quiebra, es muy fácil: la liquidan y, con los activos que le quedan, se pagan las deudas hasta donde alcance. Cuando un Estado se quiebra, todos los ciudadanos pierden. El señor que labora para el Gobierno pierde su trabajo y al que lo conserva le reducen el salario; al pensionado le informan que su pensión ya es de la mitad de lo que recibía; los subsidios desaparecen o se vuelven irrisorios y no alcanzan para un pan; los empresarios no tienen a quién venderles sus productos; los constructores no tienen quién les compre sus casas y edificios; los ciudadanos no encuentran cómo pagarles a los bancos, y así todo colapsa. Eso pasa cuando un Estado se quiebra. Si el presidente de una empresa toma malas decisiones y la está quebrando, es sencillo: lo botan y traen a alguien que la salve. Si el presidente de Colombia nos está llevando a esta crisis, lo que debemos hacer es no elegir a su sucesor, Iván Cepeda, para que siga con su línea económica que nos llevará a la debacle. Debemos elegir a quien corrija el rumbo económico y nos salve de la quiebra.