Todos los que seguimos la realidad económica del país tenemos claro el desastre que representó para la economía y la sostenibilidad fiscal el Gobierno de Gustavo Petro. La inversión extranjera y la formación bruta de capital privado se encuentran en mínimos históricos; el crecimiento económico que hemos vivido en este gobierno, además de ser mediocre e insuficiente, es insostenible, pues se ha soportado especialmente en el gasto público y en las actividades artísticas y culturales, mientras la industria, la construcción, el sector extractivo y otros sectores han vivido una horrible noche. Nuestro sistema de salud se encuentra en cuidados intensivos, nuestra seguridad y sostenibilidad energética afrontan la penumbra y tenemos un inmenso riesgo de apagón.
Se ha dicho hasta la saciedad que el Gobierno tiene al borde del colapso las finanzas públicas, que el nivel de deuda es escandaloso, el déficit insostenible e inexplicable, la prima de riesgo país desorbitante, los intereses de la deuda se están comiendo toda capacidad de inversión, existe una deuda oculta con sectores como salud y energía, el tamaño del Estado es insostenible y el gasto burocrático militante se encuentra desbordado. También se ha dicho que el ajuste fiscal que se requiere no tiene precedentes y que la seguridad está en uno de sus peores momentos, requiriendo inversiones cuantiosas. Todos tenemos claro que el Gobierno de Abelardo De La Espriella tiene que resolver todo este caos. Todos sabemos que es una tarea titánica. Pero ese no será el principal reto que afronte el nuevo presidente.
Será la comunicación; esa va a ser la principal batalla que tendrá que librar. Debe comunicar de la manera más clara y sencilla, no al público experto, sino al ciudadano de a pie, los riesgos que afrontamos. Debe explicar que la falsa sensación de prosperidad será el hambre del mañana; que estamos en riesgo de apagón, recordando lo que significó para el país la oscuridad de 1992; cuáles son los riesgos reales en materia de seguridad y que las cifras inicialmente tendrán una desmejora porque, al combatir a los grupos ilegales que llevan cuatro años viviendo impunemente, la violencia se incrementará. Tendrá que explicar que el salario mínimo no puede crecer de forma desbordada porque está afectando a los más necesitados; explicar con plastilina que el Estado es grande y paquidérmico y que, si se quiebra, los ciudadanos perderán sus derechos porque los servicios que presta, los salarios que paga, las pensiones que reconoce y los subsidios que otorga se verán convertidos en ceniza y no alcanzarán ni para un mercado. Basta con ver a Venezuela.
Todos sabemos la feroz guerra en materia de comunicación que liderará Gustavo Petro en su contra. Venimos de una falsa narrativa creada por el proyecto progresista, que no se desmontará de un día para otro y que ha generado una profunda división que tendrá que contrarrestarse. Desmontar la lucha de clases será tarea de todos los días; acercar a los empresarios para que los ciudadanos entiendan que son sus aliados y no sus opresores, y ver la iniciativa privada y el éxito empresarial como una virtud y no como desigualdad será una prioridad en la comunicación. Colombia necesita de todos los colombianos que se levantan todos los días a emprender y a crear empresa, pero lo más importante es que requerimos, como sociedad, que ese esfuerzo sea exitoso. Se debe cambiar la mentalidad según la cual es el Estado el que tiene que entregar todo por aquella en la que nuestro esfuerzo es el que genera los frutos y la prosperidad. El colombiano no quiere vivir de subsidios; quiere realizarse y triunfar. En eso debe centrarse el mensaje que el presidente nos debe transmitir. El futuro nos lo labramos todos; no es producto del azar.
Ya vimos cómo la campaña del Tigre logró generar emociones y empatía, y qué buenos fueron comunicando. Es ahora, como jefe de Estado, donde se tiene que centrar: hacer pedagogía en cada instante, transmitir mensajes simples, repetir y repetir, no caer en provocaciones, evitar los tecnicismos, ser cercano a la gente y, sobre todo, inspirar. Este será el principal reto que deberá sortear: el reto de comunicar.