Ahora sí, a vivir sabroso
El domingo pasado los colombianos elegimos un nuevo presidente. Concluida la campaña electoral, comienza ahora la tarea verdaderamente importante: gobernar. La elección de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo abre una oportunidad para fortalecer las instituciones, recuperar la confianza ciudadana, restablecer la seguridad y retomar una senda de crecimiento económico que genere empleo y amplíe las oportunidades para todos los colombianos.
No es casualidad que el escudo de Colombia lleve inscritas las palabras “Libertad y Orden”. Son dos principios inseparables. La libertad permite a las personas trabajar, emprender, invertir y prosperar. El orden protege esa libertad mediante instituciones sólidas, seguridad jurídica y el cumplimiento de la ley. Cuando ambos principios se fortalecen, la sociedad avanza y las oportunidades se multiplican.
Por eso son tan importantes el crecimiento económico, la responsabilidad fiscal y la seguridad jurídica.
Una economía dinámica genera inversión, empleo y oportunidades. La responsabilidad fiscal protege la estabilidad y evita trasladar los problemas de hoy a las próximas generaciones. La seguridad jurídica crea el entorno necesario para emprender, invertir y generar riqueza.
La recuperación de la confianza será una de las tareas más importantes del nuevo gobierno. La confianza impulsa la inversión, estimula la creación de empresas y favorece la generación de empleo formal, pero no surge de los discursos. Se construye con reglas de juego claras, respeto por la ley, estabilidad institucional y capacidad de ejecución. Los ciudadanos y los inversionistas necesitan saber que existe un rumbo claro para el país.
La estabilidad es indispensable para el progreso porque permite a las personas planear, ahorrar, invertir y construir proyectos de largo plazo. La incertidumbre paraliza; la estabilidad genera oportunidades. Cuando existen confianza y estabilidad, florecen la inversión, el empleo y las oportunidades de progreso.
La seguridad forma parte de ese mismo círculo virtuoso. Ningún país alcanza su potencial cuando los ciudadanos viven con miedo o cuando amplias zonas del territorio están dominadas por la violencia y la ilegalidad. La seguridad protege la libertad y crea las condiciones para la inversión, el empleo y el desarrollo económico.
Por eso Colombia necesita una autoridad legítima y una Fuerza Pública respaldada y con las capacidades necesarias para proteger a los ciudadanos y hacer cumplir la ley.
El nuevo gobierno tendrá además la responsabilidad de demostrar capacidad de ejecución. Los colombianos esperan resultados concretos, porque las promesas solo adquieren valor cuando se convierten en hechos y cuando los ciudadanos perciben mejoras reales en su calidad de vida.
En ese propósito, también es fundamental el principio de subsidiariedad: una sociedad solidaria y un Estado subsidiario deben seguir apoyando a quienes enfrentan mayores dificultades o parten de condiciones menos favorables, pero sin sustituir la iniciativa individual ni la responsabilidad personal.
Al final, eso es vivir sabroso: disfrutar con tranquilidad de lo que se consigue con el propio esfuerzo, gozar de la libertad para construir un proyecto de vida y contar con oportunidades reales para progresar y ser felices.