Analistas 14/12/2022

La libertad cuesta

Juan David García Vidal - Libertank
Director académico de Libertank

¿Cuánto cuesta su libertad? ¿La de su familia, su empresa o su país? Algunos creen que es gratis, que se mantiene por sí misma y la dan por sentada. La historia de la humanidad nos muestra lo opuesto. La libertad es poco común, abarcando unos contados países, siempre de forma relativa y parcial, durante períodos que escasamente superan los dos siglos y, en ciertos lugares, apenas ha existido por unos pocos años. La libertad es muy frágil, como lo enseña la experiencia del totalitarismo en el siglo XX, entre las dos guerras mundiales, cuando estuvo en peligro de desaparecer de la faz de la tierra.

En consecuencia, la libertad nunca es gratis, sino que requiere de la articulación de poderes, voluntades, recursos y acciones para conquistarla, mantenerla y fortalecerla. La libertad empieza por la responsabilidad personal de elegir entre diferentes alternativas y, por ende, entraña el riesgo permanente de fracasar. Implica mucha incertidumbre. Bien entendida, presupone seleccionar, con prudencia, un propósito superior, una meta para orientarnos hacia dónde ir con la libertad. Además, se debe dar en el marco del respeto y el cumplimiento de reglamentos morales, éticos y jurídicos de convivencia pacífica y civilizada. La libertad es exigente, cuesta e incluso cansa.

Por eso resulta tan seductora la idea de un salvador que nos quite el peso de la libertad, ofreciéndonos tranquilidad y prosperidad a cambio de nuestra obediencia ciega, sorda y muda. De ahí que el principal enemigo de la libertad no sea un tirano o un gobierno corrupto, sino una mayoría indiferente y sumisa. Como bien decía Edmund Burke: “Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada”.

La mayoría de los colombianos hemos abaratado tanto nuestra libertad que prácticamente la hemos perdido del todo. La perdemos cuando elegimos a gobernantes con programas liberticidas. La perdemos cuando cedemos nuestra capacidad de iniciativa para que otro, generalmente un político o un tecnócrata, supuestamente benevolente, termine tomando las decisiones importantes de nuestra vida. La perdemos cuando nos quedamos esperando que alguien nos salve. La perdemos cuando renunciamos a ser responsables de nuestros actos. La perdemos cuando aceptamos la autocensura, por temor a desafiar el consenso de lo “políticamente correcto” o por miedo al “qué dirán”, incomodando a las mayorías o a las minorías o a los poderosos. La perdemos cuando, por una mezcla de pereza e inercia, nos conformamos mediocremente con lo que nos imponen.

El precio de la libertad, como decía, Thomas Jefferson, es la eterna vigilancia. Para esa vigilancia de la libertad en Colombia nació, hace tres años, Libertank. Un centro de pensamiento y acción, que se está convirtiendo en un referente cultural, juvenil y popular, de la promoción y difusión de las ideas de la libertad y la responsabilidad económica, para contribuir a que Colombia se ubique entre los lugares más avanzados, a parir de una sociedad civil madura y democráticamente culta, que asuma las lecciones de los países exitosos. Aunque se enfrenta a una enorme maquinaria propagandística, Libertank está dando la batalla de ideas todos los días, sin descanso, sin miedos, ni complejos. Su apoyo a Libertank en estos momentos, por pequeño que parezca, puede resultar decisivo para el futuro de su libertad, la su familia, la de su trabajo y la de su país.

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