Analistas 11/10/2023

Demo-crisis

Las instituciones democráticas están bastante desgastadas. Ya son más de 2.500 años desde que la idea de la igualdad de todos los ciudadanos hizo su aparición en la antigua Grecia. Después vino la República romana con su senado, la cual nos legó la noción de un cuerpo legislativo. Nuevos pilares de la democracia hicieron su debut en el siglo XVII a partir de las revoluciones americana y francesa.

Finalmente, se introdujo el sufragio universal en el siglo XVIII y quedó establecido el concepto moderno de democracia como es aceptado por la mayoría de las naciones avanzadas del mundo. Concepto de democracia que consiste en el ejercicio del poder político de y para el pueblo. Hasta ahí íbamos bien. No había radicales de extrema izquierda y derecha, ni redes sociales, ni mucho menos bodegas.

Nadie puede negar que la democracia está en crisis y que necesitamos repensarla urgentemente. Es increíble como el abuso del poder democrático y la manipulación del pueblo ya no es del resorte exclusivo de repúblicas bananeras si no que países desarrollados están siendo víctimas de extremistas y de políticos inescrupulosos para socavar las instituciones democráticas.

Vivimos en la era de la post verdad y de los extremos ideológicos, donde una mentira repetida mil veces se convierte en verdad. A pesar de que las redes sociales nos han acercado, también han servido como difusor masivo de mentiras y un catapultador de radicales. Ese megáfono llamado internet le ha permitido a esos grupos extremistas minoritarios ejercer un gran poder dentro de nuestras sociedades.

No hay sino que ver lo que está pasando alrededor del mundo para evidenciar que la democracia está enferma. En Venezuela Chávez le hizo creer a su gente que los empresarios eran los responsables de la pobreza y que su Socialismo del Siglo XXI solucionaría los problemas. Se valió de mentiras para hacerse elegir y hoy su pueblo paga las consecuencias de creerle. En EE.UU. Trump tiene hipnotizado a medio país con su retórica incendiaria y su mitomanía compulsiva. Al punto que se acuñó el término “la Gran Mentira” para describir la mentira que promueve el ala extrema del partido republicano de que las elecciones del 2020 fueron ganadas con fraude.

En España se encuentran en un limbo político porque ninguno de los dos partidos tradicionales tiene mayorías, forzando que tengan que negociar con extremistas e independentistas que no se sonrojan presentando verdades alternativas. Lo mismo pasa en Israel donde a menudo el ala extrema de los judíos ortodoxos impone la agenda política por ser imprescindibles para formar gobierno. La mentira reemplazó a las armas para extremistas de todo pelambre.

Colombia no es ajena a esta enfermedad. Todos vimos cómo una de las campañas presidenciales se valió de mentiras para desprestigiar a su principal contendor. Y todos somos testigos como desde palacio se han lanzado múltiples falacias. Desde que el sistema de salud colombiano es de los peores del mundo, hasta que las multinacionales del carbón son las responsables de la pobreza de la Guajira. La realidad en ambos casos es todo lo contrario.

Como esas mentiras son repetidas sin cesar, muchas personas se las creen. Esperemos que las mentiras de las minorías radicales se combatan con verdades de las mayorías moderadas. De lo contrario estaremos firmando la partida de defunción de nuestra democracia.

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