El Gobierno de ADLE no había iniciado su primer día laboral. Ni siquiera había terminado de armar y posesionar los equipos de gobierno de las diferentes entidades, así que todas ellas aún estaban en manos de ideólogos del gobierno anterior, incluida la Ungrd.
Fue un sismo de gran magnitud que duró casi dos minutos. La tragedia humana y social es enorme. A la fecha (14 de agosto), se reportan 285 personas fallecidas, 3.975 heridas y 379 desaparecidas. El daño es severo.
Se reportan más de 12.000 edificaciones destruidas y más de 73.000 averiadas, sin saber aún cuántas deberán ser demolidas. En infraestructura pública se reportan 127 edificios colapsados, cinco aeropuertos con averías y, en general, daños en vías, puentes, acueductos y centros educativos, comunitarios y de salud.
Y cuando ocurrió, todo el Gobierno entrante se puso las botas. Estuvo presente en los territorios, trabajando hombro a hombro con las autoridades locales. Así, se dio atención prioritaria y eficiente al rescate de las víctimas y a la atención de los damnificados, para garantizar que tuvieran seguridad, lecho, techo y comida.
Posteriormente, se creó la subcuenta temporal “SISMO 2026” en la Ungrd, mediante la cual se habilitaron la contratación directa y los traslados presupuestales para la atención de la emergencia. Se creó el Registro Único de Damnificados para canalizar las ayudas.
ADLE encargó a la primera dama y a la esposa del vicepresidente liderar y coordinar las ayudas ciudadanas y empresariales. Así, se lanzó la campaña “Colombia, un solo corazón”. El balance de esta iniciativa ha sido positivo en el acopio y la distribución de ayudas.
La realidad es que los empresarios y los ciudadanos en general han respondido de una manera excepcional y generosa a todas las iniciativas, con ayudas en dinero y en especie, que también han sido articuladas por instituciones como la Cruz Roja, el Banco de Alimentos, la Fundación Minuto de Dios, etc., tanto así que el Congreso de la Andi se convirtió en una “teletón” de recaudo de recursos.
Parece que el cambio de Gobierno, al pasar de socialistas ideologizados a personas con más empatía y capacidad de trabajo, como el presidente ADLE, la primera dama, el vicepresidente José Manuel Restrepo y su esposa, prendió una llama de esperanza y solidaridad en el corazón de todos los colombianos.
Pasamos de ser un país en el que los ciudadanos piensan qué puede darles el país a uno en el que piensan qué pueden dar ellos por el país y por sus compatriotas. Es un momento de oro para que, a pesar de la tragedia, el Gobierno brille, una a la ciudadanía en un propósito común y podamos mirar hacia adelante con esperanza y confianza.
Lo que sigue es un plan Marshall para reconstruir lo destruido. El Gobierno ya declaró la emergencia económica, social y ecológica. Esto le dará la oportunidad de emitir decretos legislativos que tiendan a facilitar la inversión privada y pública en las zonas afectadas y la recuperación de las empresas, tales como fondos de destinación específica, auxilios crediticios, ayudas fiscales y estabilidad laboral, por mencionar algunas, y, sobre todo, ayudas a la ciudadanía en general para reconstruir sus casas y sus vidas.