Analistas 09/06/2026

La camiseta de la Selección

Juan Pablo Liévano Vegalara
Exsuperintendente de Sociedades

La campaña de Abelardo De La Espriella maneja los símbolos como nadie. Su marca política, “el Tigre”, es un rotundo éxito. Todo empezó por la necesidad de tener un tigre o un gallo que pudiera enfrentarse a Gustavo Petro y solucionar la crisis del país. Nació como una manifestación espontánea en las redes sociales, cuando se empezó a decir que Abelardo era el tigre, que “ese es el tigre” que tiene la fuerza y el temperamento necesarios para enfrentar la tempestad: berraco, corajudo, fuerte y con carácter. Abelardo, que es de mente rápida, lo asoció con el último presidente costeño, Rafael Núñez, quien tenía como apodo “el Tigre del Cabrero”. Utilizó la marca “el Tigre” para mostrar firmeza y mano dura.
Pero la cereza del pastel, como dirían los estadounidenses, respecto de la apropiación de símbolos, fue el llamado a sus seguidores a usar la camiseta de la Selección Colombia, así como su propio uso durante el discurso de cierre de campaña y el de resultados de la primera vuelta. La ayuda final para que la camiseta se volviera símbolo del abelardismo, curiosamente, vino de Iván Cepeda, pues, ante el fenómeno, decidió quejarse públicamente ante la Federación Colombiana de Fútbol, diciendo que la camiseta “es un símbolo nacional y tiene restricciones comerciales y políticas”.

La Federación se pronunció e indicó que cualquier ciudadano puede comprar la camiseta y usarla para fines no comerciales. Pidió mantener los símbolos fuera del debate político e indicó que no tiene facultades para restringir su uso no comercial. Reiteró el llamado para que las marcas y los símbolos no sean usados para fines distintos al deportivo y para que no se conviertan en elementos de confrontación política.

Claro que en la camiseta coexisten signos distintivos -el escudo de la Federación y la marca Adidas-, protegidos por el derecho marcario; pero, desde el punto de vista jurídico, no parece que el uso político de la camiseta sea ilegal ni que genere confusión sobre el origen empresarial, dilución marcaria, daño o aprovechamiento indebido de una marca.

Lo que existe es una apropiación como símbolo político, que incluso se entrelaza con derechos como la libertad de expresión y la participación democrática de quienes la usan.
Así, el debate quedó servido. Tanto, que un ciudadano “espontáneo”, sin aparente legitimación, decidió tutelar a la campaña de De La Espriella, pues considera que el uso de la camiseta en el contexto político vulnera sus derechos.

El juez de tutela concedió una medida cautelar prohibiendo su uso. Lo curioso es que equipara la camiseta a un símbolo patrio, como si fuera el escudo o la bandera, e indica que su uso viola el principio de igualdad, la no discriminación y el derecho a elegir y ser elegido, por tratarse de la apropiación, por parte de una candidatura, de un símbolo asociado a todos los colombianos.

En toda esta polémica jurídica y constitucional, lo cierto es que el candidato Cepeda perdió el debate político, pues no fue él quien adoptó el símbolo, aunque su campaña también habría podido hacerlo, y esa posibilidad claramente implicaría la inexistencia de una vulneración a la igualdad, a la no discriminación y al derecho a elegir y ser elegido.

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