El Tigre -Abelardo De La Espriella- rugió de manera clara y contundente en la primera vuelta. Conectó con la insatisfacción de un amplio sector del país que ve en Iván Cepeda el mayor peligro para la democracia. Las imágenes, las canciones, los jingles, las redes sociales y el mensaje coherente y simbólico de seguridad y democracia calaron con fuerza. Escogió muy bien a su fórmula vicepresidencial. José Manuel Restrepo, además de ser técnico y conocedor de la realidad nacional, conectó con el electorado por su carisma y facilidad de comunicación.
Para la campaña de Paloma Valencia y sus seguidores, este es un momento difícil. De hecho, especialmente por los buenos resultados de la Gran Consulta, se esperaba estar en la contienda y no sufrir una caída en los votos de esta magnitud.
En realidad, en un intento por consolidar la idea de sumar en la diversidad, la campaña de Paloma se desdibujó. El mensaje de no dividir y sumar para crecer, dejando a un lado la polarización, no caló. Se perdió el foco central de seguridad, orden y democracia, que fue clave para el triunfo de De la Espriella. El electorado quería posiciones fuertes y radicales que hicieran contrapeso a las ideas neocomunistas y antidemocráticas de Cepeda, y ahí radica su éxito y los más de 10 millones de votos.
Y aun cuando las dos campañas contaban con el apoyo de estructuras políticas, la de Paloma terminó siendo un “collage” diverso, difícil de entender y aglutinar, lo que evidentemente tampoco le gustó al electorado.
El resultado demostró que, actualmente, las elecciones presidenciales son de mensajes simples, simbólicos y radicales, capaces de mover los sentimientos de los votantes. Es la pasión que despiertan los mensajes concretos y la incertidumbre sobre el futuro lo que gana elecciones, no las largas explicaciones sobre economía, políticas públicas y logros del pasado.
El resultado refleja un claro sentimiento antipetrista y deja a De la Espriella adelante, con una ventaja de alrededor de 700.000 votos. Queda el país más dividido que nunca. Para la segunda vuelta no se esperan muchos votos nuevos, pues la participación fue masiva, con alrededor de 57% del censo electoral. No obstante, hay 1,6 millones de votos de Paloma, 1 millón de Sergio Fajardo, 200.000 de Claudia López y 200.000 de Santiago Botero, los cuales determinarán la suerte de las elecciones.
Por eso, después de la jornada del domingo, es hora de que todos los que defienden la seguridad y la democracia, y que no votaron por De la Espriella, lo hagan. El voto en blanco y la neutralidad no son la respuesta. El momento histórico exige tomar partido. Serán tres semanas de intensa polarización, con la insidiosa intervención del Gobierno, que incluso ya cuestionó los resultados.
Y no hay que engañarse, pues lo que está en juego ante un triunfo de Cepeda es el modelo económico y la democracia liberal. Espero que la campaña del Tigre tienda puentes y logre aglutinar a todos los votantes de Paloma, que son clave para consolidar el triunfo. Por mi parte, votaré por Abelardo De La Espriella y José Manuel Restrepo, quienes son la garantía de contar con un país con seguridad, democracia, empresa y empleo.