Analistas 05/11/2026

ConTexto Ganadero, Cálmate Inda

Juan Pablo Pineda
Exviceministro de Agricultura
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Inda, bájele dos rayitas. Exigir cuentas no requiere echar a nadie de una reunión. Al ordenarle a José Félix Lafaurie que se retirara, Indalecio Dangond le dio papaya para hablar del desplante y dejar en segundo plano los resultados del Fondo Nacional del Ganado. El ministro puso el grito; el dirigente ganó un argumento para presentarse como víctima.

Mi papá decía: “Desenfunda con razón y enfunda con honor”. Indalecio tenía cómo sostener el debate: los recursos del Fondo, sus resultados y las explicaciones pendientes. Ahí debía quedarse. Pero acabó discutiendo quién mandaba en la reunión, mientras las cuentas que importaban se quedaron esperando. Cuentas claras, chocolate espeso.

El presupuesto inicial de 2026, vigente al 31 de marzo, era de $175.792 millones. Salud animal tenía $100.342 millones, el 57%; el Fondo de Estabilización de Precios, $27.980 millones; fomento al consumo, $11.189 millones; funcionamiento, $10.221 millones; ganadería sostenible, $9.223 millones. La contraprestación a Fedegán sumaba $8.392 millones. Recaudo, promoción y auditoría completaban otros $8.445 millones.

También hay que contar la historia completa. La Contraloría revisó 2024, emitió conceptos sin reserva en los asuntos examinados y encontró nueve hallazgos administrativos. Eso exige correcciones, no aplausos automáticos ni acusaciones de desfalco. Decir que el Ministerio aprobó el presupuesto tampoco responde si la ejecución fue eficiente. Aprobar una partida y demostrar sus resultados son tareas distintas.

Los votos no se ganan solo con volantes: también se cosechan mostrando ejecución y resultados. Ahí le aprieta el zapato, Lafaurie: ¿cómo garantiza independencia al administrar la plata de todos mientras respalda públicamente el proyecto político de su esposa, María Fernanda Cabal? Ejecutar bien no es un cheque en blanco. No hay financiación irregular demostrada. Pero confianza no es fe ciega: Fedegán debe poner todos los contratos, facturas, agendas y controles verificables sobre la mesa. ¿Quién pagó, quién autorizó y quién se benefició? La cuota debe mejorar las fincas, no engordar campañas.

Hoy la información está a un clic: ¡las cuentas no son secreto de Estado! Ministerio, ganaderos, comités y gremios regionales: que retumbe Colombia exigiendo rendición de cuentas en cabildo abierto. Democratizar la inversión exige que las regiones decidan prioridades. Y los recursos del Fondo deben responder a los objetivos del Ministerio de Agricultura. El que pone la plata no está de adorno.

El Congreso Nacional de Ganaderos, del 25 al 27 de noviembre en Valledupar, será una oportunidad para discutirlo. Que las cuentas se publiquen antes: los delegados deben conocer gastos, contratos y resultados para decidir con criterio. El Congreso elige la junta y esta al presidente ejecutivo. Los ganaderos merecen algo más que escoger entre defender al dirigente o aplaudir al ministro.

Al pequeño productor le interesa que esa contribución se traduzca en sanidad, asistencia técnica y mejores condiciones para producir. Si la discusión termina convertida en una pelea de egos, quienes pagan la cuenta vuelven a quedar de espectadores.

¡Al toro no lo capás dos veces!

Inda, audite con rigor. Lafaurie, responda con cuentas. Los ganaderos pagan una contribución obligatoria; no compran una camiseta política.

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