Tecnología vestible: usos y riesgos

Juan Sebastián Rozo Rengifo

La “tecnología vestible” facilita nuestras vidas, pero también implica grandes retos en materia de seguridad y privacidad, que no se pueden desconocer en medio de la emoción que este boom tecnológico suscita.

Internet tiene infinitas posibilidades de cambiar el mundo e impactar positivamente la humanidad. Hace años era imposible pensar que a través de una pulsera podríamos obtener información sobre la actividad física realizada o alertas sobre nuestro estado de salud. Hoy esto es una realidad conocida como wearable technology o “tecnología vestible”. Una novedad que tiene el potencial de facilitar nuestras vidas, pero que, a la vez, implica grandes desafíos.

Los avances en conectividad y microchips procesadores han impulsado la “tecnología vestible”, una categoría del Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés) gracias a la cual dispositivos que se usan como accesorios o como parte de la ropa transmiten información a bases de datos para ser analizada y procesada por sistemas de información.

Los primeros dispositivos de este tipo fueron los relojes para monitorear el rendimiento en la actividad física. Pero, más allá de esta aplicación, que masificó el uso de la “tecnología vestible”, su función más valiosa se está dando en el área de la salud, permitiendo monitorear, por ejemplo, los niveles de oxígeno o glucosa, los niveles de saturación, o el sueño. Las mediciones en vivo disminuyen los tiempos de diagnóstico y permiten avances en medicina preventiva, pues alertan sobre deficiencias y riesgo que hubieran sido prácticamente indetectables sin la tecnología.

Y en el área de seguridad personal están surgiendo dispositivos que envían señales de alerta, comparten su ubicación en caso de peligro y pueden registrar un audio de un eventual incidente. En materia de identificación personal veremos dispositivos de alta tecnología que serán útiles en situaciones de emergencia o para personas en situación de discapacidad, y aparatos para mejorar la productividad y la seguridad de trabajadores.

En 2017, el número de aparatos de “tecnología vestible” alcanzó los 453 millones y se estima que para 2021 lleguen a 929 millones. Solo en 2018 se espera que esta industria tenga ingresos por 30 billones de dólares. Por supuesto, este crecimiento conlleva la recolección masiva de datos personales sensibles por parte de diferentes actores que ven en esta información una gran oportunidad.

Lo anterior implica grandes retos en materia de seguridad y privacidad. Por ejemplo, ¿se sentiría cómodo sabiendo que la empresa de salud a la que va a afiliarse tuvo acceso a los datos recolectados por su monitor de salud sin que usted lo supiera? ¿O sabiendo que la organización que tiene información sobre sus hábitos alimenticios no la protegió bien y fue robada y usada para hacer campañas de mercadeo?

Por eso, todos los actores de la Cuarta Revolución Industrial tenemos que trabajar en la protección de los datos. Las empresas desarrolladoras de dispositivos y software de “tecnología vestible” son responsables de tener condiciones de uso de la información que respeten la privacidad de los usuarios, así como esforzarse por tener en productos cada vez más seguros e invertir sistemas y modelos de prevención.

De otro lado, los ciudadanos tenemos el deber de estar informados sobre las políticas de recolección y uso de datos de las empresas a las que les compartimos nuestra información. En este sentido, ¿cuántos de nosotros leemos dichas políticas cuando descargamos una aplicación móvil?

Y el papel de los gobiernos en materia de seguridad digital también es fundamental. En Colombia hemos redoblado nuestros esfuerzos en este tema, convirtiéndonos en modelo regional. En 2016 se expidió el Conpes “Política nacional de seguridad digital”, que avanzó hacia la responsabilidad compartida en ciberseguridad entre gobiernos, ciudadanos y empresas, y que fortalece las capacidades para identificar y gestionar riesgos.

Sin duda, la “tecnología vestible” permitirá avances inimaginables para la humanidad en muchísimas áreas, incluyendo las que mencionamos líneas atrás. Pero, en medio de la emoción que este boom tecnológico suscita, no podemos olvidar que la recolección de datos personales, que no es exclusiva de la “tecnología vestible”, siempre conlleva el riesgo de que la información termine en manos de personas u organizaciones no autorizadas, ocasionando grandes daños.

Por eso la importancia de que todos los actores: empresas desarrolladoras, ciudadanos y nosotros, como gobierno, seamos especialmente cuidadosos. Porque si bien debemos aprovechar cada una de las posibilidades que la tecnología nos brinde para mejorar el bienestar de las personas, no podemos desconocer que el riesgo en términos de seguridad es mayor cuando lo que está conectado a Internet no es nuestro celular, carro o televisor, sino nuestro propio cuerpo.

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