Analistas 11/12/2020

Significado

Julián Arévalo
Decano, Facultad de Economía, Universidad Externado de Colombia

Si tuviera la oportunidad de recomendar una lectura para este fin de año, sería el capítulo ‘Significado’ del libro ‘21 lecciones para el siglo XXI’ de Yuval Harari. Aunque fue publicado hace más de dos años, el libro en general, pero especialmente ese capítulo, son pertinentes para un momento como el actual, luego de todas las dificultades que se hicieron manifiestas a lo largo del 2020 y de cara a la resiliencia que será necesaria en 2021.

Harari, también autor de los bestsellers ‘Sapiens’ y ‘Homo Deus’ replantea las preguntas existenciales más antiguas que se han hecho los seres humanos y explica cómo a lo largo de los años hemos construido relatos para dar respuestas a ellas. En el proceso, tratamos de ser parte de algo más grande que nosotros mismos y con ello llenar de sentido nuestra vida. Religiones, ideologías, mitos, filosofías políticas y teorías conspirativas buscan cumplir ese papel; pasamos por alto sus contradicciones, las partes de la historia que carecen de sentido, y asumimos comportamientos y acciones que adoptan un nuevo significado.

Son relatos que inventamos y en los que decidimos creer. Héroes y villanos; nociones del bien y del mal; actos normales revestidos de un nuevo sentido; rituales, símbolos, sacrificios; historias que nos permiten reducir la complejidad de la vida real, pero que al mismo tiempo nos impiden encontrar soluciones prácticas a muchos de los problemas que enfrentamos. Hemos invertido tanto tiempo, convicción, dinero y esfuerzo en los relatos en los que creemos que, a pesar de ser simplificaciones que nos permiten leer la realidad, también nos impiden ver más allá de la forma en que nos la presentan.

“Todos los relatos son incompletos. Pero para construir una identidad viable para mí y dar sentido a mi vida, en realidad no necesito un relato desprovisto de puntos ciegos y de contradicciones internas” señala Harari. Sin embargo, en algún momento terminamos confundiendo estas ficciones con la realidad, en muchos casos con consecuencias desastrosas a escala personal y global, y no somos capaces de superar tal confusión.

Pero las dificultades están ahí para recordarnos lo que es relato y lo que es real. Las dificultades que ha vivido el planeta en este difícil año: la contracción de la economía, los millones de personas que perdieron su fuente de ingreso, quienes tuvieron que vivir lejos de sus seres queridos, o quienes, tristemente, hoy no nos acompañan. Y tantos otros dramas inenarrables. Una dosis de realidad que tal vez nos obligue a repensar algunos de los relatos que hemos construido.

Si es así, que sea esta la oportunidad para construir relatos más acordes con el mundo en que vivimos; más incluyentes, que no requieran negar la existencia del otro, que nos permitan aceptar las diferencias y construir a partir de ellas. Los relatos que tenemos no parecen conducirnos por un buen camino, y lo que está en juego - nuestra mera supervivencia - es demasiado costoso como para que sigamos aferrados a ellos.

Podemos mejorar la respuesta que damos a preguntas eternas como ‘¿quién soy?’, ‘¿qué debo hacer en la vida?’, ‘¿cuál es el sentido de la vida?’ y ‘¿qué le da significado a la vida?’. Esa es parte de la invitación que hace Harari y que hoy tiene más relevancia que nunca. Para todos ustedes, mis mejores deseos en 2021.

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