Analistas

Del rey Jorge IV al príncipe Andrés

Louis Kleyn

En la medida en que se revelan documentos adicionales, crece la conmoción que el caso Epstein genera en los círculos de poder de Estados Unidos, Gran Bretaña, Noruega y otros países. Al parecer, muchas personalidades se beneficiaban de los contactos y conexiones de Epstein y disfrutaban de sus fiestas y de los favores de mujeres contratadas por él y su esposa. Algunos de los involucrados han truncado sus carreras y tal vez enfrentarán cargos penales. El príncipe Andrés, duque de York, tercer hijo de la reina Isabel II, hermano del rey Carlos III, fue despojado de sus títulos y excluido de la familia real británica. Los patrones de moralidad y tolerancia, y el escrutinio al cual son sometidos los líderes sociales, están evolucionando dramáticamente. En contraste con la situación del ahora Andrés Mountbatten-Windsor, repasamos lo sucedido con otro vástago de monarca británico de ignominiosa reputación.

Jorge IV (1762-1830), hijo del rey Jorge III (1738-1820), fue regente (1811-1820) y rey (1820-1830) del Reino Unido. El príncipe Andrés desciende en línea directa de un hermano de Jorge IV, Eduardo (Victoria-Eduardo VII-Jorge V-Jorge VI-Isabel II). La notoriedad de Jorge IV comenzó a los 16 años, cuando la niñera de sus hermanas, Mary Hamilton, sufrió su acoso sexual. A los 17 tuvo su primera amante, la actriz Mary “Perdita” Robinson. En 1782, ya después de varias conquistas, sedujo a Harriet Vernon, dama de honor de la reina, con solo 17 años. Vinieron luego nombres como Elizabeth Armistead, Charlotte Fortescue y Lucy Howard. En 1785, con 23 años, se enamoró de una católica dos veces viuda, María Fitzherbert, y se casó con ella en un matrimonio inválido, sobornando a un pastor para que lo hiciese. Tuvo relaciones con prominentes damas casadas, lo cual traía sustanciales beneficios a sus maridos: Lady Jersey, Lady Hertford y Lady Lade. Esta última, aparentemente, le proporcionaba mujeres. Con sus amantes tuvo un número indeterminado de hijos, ninguno reconocido, que pudieron sumar decenas. Se dice que cada vez que conquistaba una mujer guardaba un mechón de su cabello en un sobre con su respectivo nombre y que, al momento de su muerte, tenía más de 7.000.

Jorge IV fue también mecenas de pintores y arquitectos. El “Royal Pavilion” en Brighton, de estilo hindú, es su herencia más tangible. Era aficionado a las apuestas, particularmente en las carreras de caballos, donde lo acusaron de hacer trampa. Tenía un apetito descomunal, bebía en exceso y estaba adicto al láudano, un extracto del opio popular durante el S. XIX, del cual consumía 100 o más gotas antes de ocasiones importantes. Su nivel de despilfarro era tal que en 1795 adeudaba el equivalente a 55 millones de libras de hoy.

Las excentricidades de Jorge IV están comentadas y satirizadas en la prensa, caricaturas, panfletos y libros de la época. El comportamiento poco edificante de los privilegiados es una constante a través de la historia. Lo que ha cambiado en los últimos doscientos años, querría uno deducir, son las consecuencias que estos abusos indecorosos de poder traen.

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