El aeropuerto de Buenaventura
miércoles, 22 de julio de 2026
Louis Kleyn
El tráfico aéreo en nuestro país crece de manera desbordada. En 2019 se movilizaron 38 millones de pasajeros; en 2022, 48 millones, y en 2025, 57,5 millones. Continuar desarrollando la infraestructura aérea es una tarea primordial. El aumento de las comunicaciones aéreas tiene un impacto muy positivo sobre las economías locales, pues refuerza su integración con la economía nacional. Adicionalmente, el transporte aéreo genera ingresos por sí mismo. Los 10 aeropuertos con mayor flujo de pasajeros del país son negocios rentables. Algunos de los pequeños, con un impulso, podrán atraer más aerolíneas y pasajeros y cruzar el umbral de la rentabilidad.
La finalización de la concesión de El Dorado, dentro de unos meses, permitirá a la Aerocivil recibir la totalidad de los ingresos producidos por el aeropuerto: más de $1,6 billones anuales. Aun después de destinar $300.000 millones a su gestión y $350.000 millones anuales a inversiones, la Aerocivil tendrá a su disposición más de $400.000 millones adicionales al año, que antes no recibía, para modernizar aeropuertos regionales del país. A estos recursos se suman alrededor de $70.000 millones de excedentes procedentes del aeropuerto de Cali, ahora en manos de la Aerocivil.
El caso de Buenaventura es ilustrativo de la importancia de mejorar la infraestructura aeroportuaria en las regiones y de los retos que esto conlleva. Buenaventura sigue siendo, junto con Cartagena, el principal puerto del país en carga general y, de lejos, la principal entrada de importaciones. Tiene la base para convertirse en un gran centro logístico y de maquila; un aeropuerto funcional es un complemento imprescindible para conseguir este objetivo.
Desde hace más de 15 años existen planes para transformar el aeropuerto Gerardo Tobar López. Estos incluyen una nueva terminal, una nueva torre de control, un cuartel de bomberos, un parqueadero de 4.000 m² y la renovación de elementos de seguridad, como radares, entre otros. Lo más relevante es la construcción de la calle de rodaje y la extensión de la pista hasta los 2.000 metros, para habilitar la llegada de aviones grandes, como el B-737. Estas obras costarían aproximadamente $150.000 millones y representarían un salto cualitativo para Buenaventura.
Este aeropuerto enfrenta dos circunstancias que harán de su ampliación un reto. Por una parte, está rodeado por el río Danubio; llevar la pista más allá de los 2.000 metros implicaría desviar el río, lo cual, aunque factible, sería costoso. Por otra, sobre un tramo del terreno reservado para prolongar la pista hay un asentamiento informal denominado Zacarías, que habría que desalojar.
De cara al futuro, la Aerocivil requiere ganar versatilidad y transparencia. Posiblemente deba separarse en varias organizaciones: una que administre el tráfico aéreo; otra que defina reglas y permisos y supervise el cumplimiento operacional de las líneas aéreas, y una tercera que gestione y contrate la administración o concesión de los aeropuertos. También debe promover la construcción de aeropuertos privados, admitir proyectos tentativos en los planes Aeronáutico y de Navegación Aérea y facilitar la obtención de autorizaciones para ejecutarlos.