El camino para Cuba
miércoles, 20 de mayo de 2026
Louis Kleyn
La tensión con respecto a lo que pueda suceder en Cuba se ha ido intensificando durante el último año. El gobierno de Trump bloqueó desde enero el suministro de petróleo, lo cual ha agravado su siempre muy precaria situación. La semana pasada, el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó La Habana y se entrevistó con prominentes figuras del régimen, incluido el nieto de Raúl Castro, de 42 años, Raúl Rodríguez Castro.
La relación entre la isla y Estados Unidos ha sido muy cercana desde el s. XIX, especialmente después de la Guerra Civil, cuando el presidente Ulysses Grant manifestó su apoyo a la independencia y José Martí se estableció en Nueva York. La participación militar directa de Estados Unidos fue determinante en la victoria sobre España en 1898.
La toma del poder por Fidel Castro en 1959 y las medidas que impuso fueron desastrosas para Cuba, entonces uno de los países más prósperos de América. De entrada, ya en 1960, se expropiaron todos los predios de más de 400 hectáreas, todos los grandes ingenios azucareros y todas las propiedades de extranjeros, incluidas las de las multinacionales. Se incautaron también los bienes de quienes emigraron durante los 60, unas 500.000 personas. En 1968, el gobierno cubano confiscó todos los bares, tiendas y demás negocios privados que aún subsistían. Afirmó Fidel Castro: “No tendrán porvenir en este país ni el trabajo por cuenta propia ni la industria privada, ni nada”. De ser el mayor exportador mundial de azúcar, con una producción anual de 7 millones de toneladas en los 50, pasó a producir 150.000 el año pasado.
El totalitarismo y la represión del régimen han sido ilimitados. No hay lugar para las protestas, no hay libertad de expresión, no hay medios de comunicación fuera de los oficiales. La permanencia de tan brutal tiranía solo se explica como un residuo de la guerra fría. Después de la fracasada invasión de Bahía de Cochinos y de la llamada crisis de los misiles, que solo se resolvió cuando el presidente Kennedy se comprometió con Nikita Kruschev a no invadir la isla, se temía que cualquier intervención militar provocara a los rusos. Hoy en día, gracias a Ucrania, Rusia no aspira a mantener un rol en el Caribe. El camino está despejado.
El PCC (Partido Comunista Cubano) cruzó el Rubicón hace 60 años y no se ve cómo, en su postura homogénea e intransigente, que ha destruido la vida de millones de cubanos, pueda contribuir al cambio radical que se requiere para generar una mínima economía funcional. El gobierno norteamericano necesitará apoyar a una administración transicional, tal vez en el exilio, tal vez con base en la Constitución de 1940, y promover una rápida convocatoria a elecciones. Una intervención militar terrestre será aparentemente inevitable. Los marines podrían desembarcar en el norte y, simultáneamente, avanzar desde Guantánamo. Lo cierto es que, con un poco de organización, Cuba tendrá un magnífico renacer, dados los inmensos capitales disponibles para invertir allí.