Energía nuclear para Colombia
miércoles, 4 de marzo de 2026
Louis Kleyn
El 23 de febrero de 1976, en su sección “Diálogos”, este diario (La República) publicó una entrevista con el entonces director del Instituto de Asuntos Nucleares (IAN), Ernesto Villarreal Silva, en la cual, entre otras, afirmaba que Colombia requería de US$10 millones para desarrollar una mina de uranio y otros US$90 millones para construir una planta de tratamiento para enriquecerlo, lo cual podría lograrse en 10 años.
Afirmaba que en la cordillera Oriental, especialmente en los Santanderes y Huila, probablemente se encontraría el mineral. Según el entrevistado, el Gobierno se encontraba considerando a varias compañías para una asociación, incluyendo a Total de Francia y a Urangesellschaft de Alemania, aún hoy líderes en la explotación, tratamiento y reciclaje del uranio.
Exactamente 50 años después, el 23 de febrero pasado, el Ministerio de Energía firmó un memorando de entendimiento con el Organismo internacional de energía atómica (Oiea) para “establecer un marco de cooperación en aplicaciones de tecnología nuclear”. Como en muchos aspectos del desarrollo energético, nuestro país no solo no ha avanzado ni un solo paso, sino que ha retrocedido y minimizado sus expectativas. Hace medio siglo por lo menos se hablaba de proyectos concretos y ahora a todo lo que se ambiciona es a firmar documentos inocuos.
Los accidentes de Three Mile Island (1979), Chernóbil (1986) y Fukushima (2011) cuestionaron la seguridad de las plantas nucleares e influyeron para que varios países tomaran la decisión de eliminarlas, como España, donde quedan aún cinco en actividad, y Alemania, donde las últimas cerraron en 2023. En realidad, la energía nuclear siguió siendo importante alrededor del mundo.
En Francia proporciona electricidad abundante y barata (70% del total), hasta cierto punto un factor clave en el bienestar económico y social de los galos. China tiene 55 reactores, 36 construidos en la última década. EE.UU. tiene 93 reactores que satisfacen hasta 20% de su consumo de electricidad y actualmente apuesta por nuevas tecnologías, con más de 50 “pequeños reactores modulares” en desarrollo.
En Latinoamérica, la generación atómica está presente desde 1974. En México, Laguna Verde (1990) produjo el año pasado 5% de la energía del país. Brasil cuenta con Angra, con dos reactores (1986 y 2001) y un tercero en construcción. Argentina tiene las centrales Embalse (1984) y Atucha (1974), a las cuales agregará pronto un reactor adicional, sumado a la maduración de pequeños reactores con un diseño nacional propio (proyecto Carem).
El mundo está sediento de energía por, entre otros, la movilidad eléctrica y los data centers con sus infinitos usos, el bitcoin y la inteligencia artificial. Amazon, Microsoft y Google han advertido que el verdadero limitante para su crecimiento es la falta de electricidad y están invirtiendo en la nueva generación de reactores nucleares. Las oportunidades en este renacer de la energía atómica son múltiples, empezando por la explotación de uranio. No dejemos pasar otros 50 años firmando “marcos de cooperación” sin consecuencias.
Atraigamos emprendimientos, capital e innovación para que ocupemos un merecido protagonismo como “potencia mundial de la energía”.