La semana pasada los mercados internacionales de bonos convulsionaron. El martes la tasa de los Bonos del Tesoro de Estados Unidos de 30 años tocó el 5,34%, un aumento superior al 0,5% durante el último año y, la tasa más alta desde el 2007. El miércoles, el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que “las tasas del mercado no reflejan los fundamentales subyacentes” y anunció que doblaría las compras de bonos de plazos largos desde septiembre. El aviso pareció funcionar y el miércoles las tasas bajaron.
Coincidió esto con la información de que la deuda total de Estados Unidos había superado ya los US$40 billones, equivalente ahora a 130% del PIB, doblándose en los últimos 10 años y trepando US$3 billones durante el 2025, un crecimiento exponencial ciertamente insostenible, sumado a un déficit fiscal de 6% para el 2026.
El jueves, el efecto “Bessent” desapareció y las tasas se devolvieron, cerrando la semana al alza. Junto con los Tesoros, subieron las tasas de los bonos soberanos de Inglaterra, Francia y Japón. Los de éste último están cerca de cruzar las más altas de su historia. La tasa hipotecaria en Estados Unidos subió al 7%, la mayor desde 2007. El precio del Bitcoin subió 23% y el del oro 1,5%, completando un incremento de 13% durante agosto. Entrevistado Trump sobre el suceso, dijo que él apoyaba a Bessent y que había muchos otros mecanismos para intervenir, incluído, en caso extremo, “the military”.
Altas dosis de líquidez desde el 2008 han sostenido los precios de diferentes tipos de activos, acciones, inmuebles, bonos. Actualmente, las grandes tecnológicas, que llevaban años generando sobrantes de caja, están demandando recursos del mercado a través de emisiones de bonos y acciones, para financiar los muy costosos desarrollos de IA. En 2025, éstas emitieron US$100.000 millones de bonos, tanto como el total de los cuatro años anteriores. En 2026, ya han emitido más de US$200.000 millones y se espera que entre el 2027 y el 2030, las emisiones sean de a US$1 billón al año, sumado a otro tanto de deuda corporativa con grado de inversión. Se agregan las salidas a bolsa; la de Anthropic, por ejemplo, se estima en US$2 billones.
Tal vez las tasas al alza sean parte de una nueva normalidad, una economía norteaméricana con mayor necesidad de recursos y más crecimiento, parte del largo proceso de absorción del exceso crónico de líquidez resultante del “Quantitative Easing”. Para el próximo viernes 28 de agosto, en la reunión de Jackson Hole, hay expectativa por el discurso de Kevin Warsh, a cargo del Fed apenas desde mayo pasado.
A Bessent se le ha criticado duramente por la intervención apresurada de la semana anterior, donde evidenció su angustia. A Marsh se le ha reprochado su falta de claridad. La posición de ambos deberá enmarcarse en una agenda creíble para comenzar a resolver el enorme déficit fiscal y el control al crecimiento del endeudamiento y de la inflación. De lo contrario, poco podrán sus palabras frente a la realidad de los mercados.