Analistas

Nuevos elementos para la seguridad urbana

Louis Kleyn

En los seres humanos, el miedo a perder las pertenencias, el dinero o a ser herido o asesinado es virtualmente inmanejable. Se origina en el mismo instinto de conservación que nos mantiene con vida y que explica la formación de comunidades y hasta la creación de autoridades y Estados. Este miedo es común a todos, pero, como la protección es costosa, la delincuencia es una amenaza mucho más grande para la población de recursos económicos limitados, quienes, asimismo, tienen más expuesto su patrimonio: celular, electrodomésticos, vehículos, efectivo. De allí el éxito de proyectos políticos con énfasis en reducir el crimen.

Los delincuentes consumados son ínfimas minorías que, gracias a su extraordinaria capacidad para transgredir, asumir riesgos, amenazar y ejercer violencia, logran hacerse a los bienes de los demás, destruyendo en el proceso la vida de muchos. ¿Por qué son tan difíciles de vencer? No por obvio el tema deja de ser complejo. Existe un consenso nacional sobre la gran importancia de esto y, sin embargo, los avances no han sido satisfactorios. El nuevo gobierno se perfila como un punto de inflexión.

Combatir la inseguridad en las ciudades requiere una política con varios frentes complementarios: tecnología, marco legal, infraestructura física y cultura. En todos los campos se deben plantear tareas. La tecnología moderna ofrece avances prometedores. Las cámaras de alta definición son cada vez más económicas y los alcances de la IA, ilimitados. En São Paulo, Brasil, el programa “Smart Sampa” tiene más de 50.000 cámaras conectadas a una central de inteligencia, con programas de reconocimiento facial y de placas, y herramientas de IA para detectar comportamientos punibles. Utiliza no solo las cámaras públicas y de la policía, sino que integra también cámaras de los centros comerciales, clínicas, oficinas, edificios residenciales. Incluso, los ciudadanos que lo consideren pueden transmitir las imágenes de su celular a la central. El marco legal debe armonizar con las nuevas posibilidades tecnológicas. Entre las propuestas recientemente presentadas por el alcalde Galán, se destaca agilizar los procesos judiciales contra los capturados en flagrancia, tal como lo posibilita el sistema de cámaras. Otra propuesta pretende facilitar el acceso de la Policía Judicial a grabaciones de cámaras privadas. En todo caso, reducir la impunidad pasa por reformar el Código de Procedimiento Penal.

Si la tecnología y el marco legal resultan más eficaces, se necesitarán más cupos en las cárceles y, en particular, en los centros de detención e inspecciones de policía. El país tiene aproximadamente 110.000 reclusos y solo 80.000 cupos; debe aspirar a triplicarlos. En Estados Unidos los presidiarios suman 1% de la población total.
Finalmente, hay aspectos culturales que necesitan transformarse. Los comportamientos antisociales y los delitos pequeños no deben ser ignorados. La evasión en Transmilenio, por ejemplo, debe ser castigada con rigor. ¿Cómo puede ser que decenas de miles de pasajeros diarios no sientan la obligación de pagar por el servicio que reciben? Bloqueos, papas-bomba, vandalismo y destrucción de fachadas debilitan la seriedad de la ley y validan el comportamiento de los delincuentes.

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