Un peso sin tres ceros
miércoles, 8 de julio de 2026
Louis Kleyn
Después de cuatro años divagando sin rumbo, con un gobierno que en ocasiones pretendía enfocarse en temáticas aparentemente profundas, convenientemente invisibles o inmateriales (¡”las galaxias”!) y desdeñar las practicidades, el país estará sediento de sentido común y normalidad. Ciertas medidas simples pueden tener impactos efectivos. La moneda de una nación, necesaria para facilitar el diario vivir y para el buen funcionamiento de la actividad económica, debe cumplir satisfactoriamente con sus funciones esenciales: servir de unidad de cambio, depósito y referencia de valor.
La muy alta inflación que persistentemente experimentó Colombia durante las últimas tres décadas del siglo XX ha tenido como efecto que, por ejemplo, $100 de 1970 equivalgan a $128.000 de hoy. Por lo tanto, nuestro día a día está lleno de información numérica inútil. Ni los centavos, ni los pesos, ni las decenas ni las centenas representan valor alguno. Un almuerzo vale decenas o cientos de miles. Una vivienda vale cientos o miles de millones. Sin hablar de las obras públicas, los balances de los bancos o las ventas de las grandes compañías. Todo lo sustancial va en millardos, billones y trillones. Esto es un despilfarro de memoria y esfuerzo que consume nuestra atención sin beneficio alguno. Ya sea por el largo tiempo que se emplea mientras los ojos ubican las cifras significativas en un texto, recibo o cuenta cualquiera, o por el tiempo extra que demora cualquier sencilla operación aritmética.
Aún más, la existencia de largas series anodinas se presta para múltiples situaciones absurdas. Los bancos, por ejemplo, transmiten sus reportes a la Superintendencia Financiera incluyendo centavos. Es frecuente encontrarse presentaciones sobre empresas o precios de artículos en unidades de pesos, a pesar de su irrelevancia. En consecuencia, se oscurece la realidad, limitando la utilización efectiva de la contabilidad y, en general, la capacidad para medir, calcular y realizar negocios, desde lo más elemental hasta lo más complejo.
Después de que se logró normalizar la inflación a inicios del presente siglo, se han presentado varias iniciativas al Congreso para eliminar tres ceros al peso. Muchos congresistas argumentaron en su momento que esto no es importante y que no “cambia la realidad”. No obstante, en los grandes debates, cuando hablan de miles de millones, billones o trillones, cometen frecuentes errores. Los funcionarios del gobierno saliente destacaron por esto. Entre otros, la entonces ministra de Minas, Irene Vélez, provocó desconcierto cuando afirmó que el costo para el Estado del subsidio a la gasolina era de diez mil billones de pesos (US$2,9 billones; “US$2,9 trillions”, en inglés).
La relativa estabilidad en términos de inflación y la fortaleza cambiaria del peso hacen de este un momento adecuado para eliminar los tres ceros. La propuesta tendría una aplicación sencilla: establecer que, en Colombia, a partir del 1 de enero de 2027, un peso equivaldrá a 1.000 pesos antiguos, correspondientes a los billetes actualmente en circulación. Estos continuarán utilizándose bajo la nueva convención y el Banco de la República los reemplazará gradualmente mediante la impresión de nuevos billetes, eliminando la palabra “mil”.