Analistas

El leviatán encadenado

Luis Antonio Orozco

En los últimos años, hemos visto surgir figuras jóvenes que han representado una fuerza política de contrapeso frente al gobierno. Entre ellas, Jennifer Pedraza se ha consolidado como una voz insistente, incómoda para muchos, pero vital para una sociedad que busca transformar sus instituciones hacia el Pasillo Estrecho, concepto propuesto por los Nobel de economía, Acemoglu y Robinson, que explica que el desarrollo depende de un Leviatán encadenado, esto es, un Estado con capacidad para proveer bienes públicos, hacer cumplir la ley y resolver disputas, pero controlado por una sociedad civil activa y organizada. Este equilibrio dinámico evita el despotismo y el caos, creando condiciones para la libertad, la igualdad de oportunidades y los incentivos que permitan que el cambio tecnológico dignifique el trabajo y mejore la organización de la producción.

Economista de la Universidad Nacional y líder estudiantil de las movilizaciones de 2018, Jennifer ha construido su carrera pública en torno a su movimiento Primero la Gente, con la convicción de una ética de integridad y rectitud. Desde su llegada al Congreso, se ha convertido en una de las parlamentarias más activas en defender la ciencia y la educación a través del control político, exigiendo transparencia y medidas para fortalecer el sector, y representando a quienes vemos en ella una voz que propende por los principios innegociables de la calidad y la meritocracia.

Jennifer ha liderado acciones para encadenar al Leviatán, denunciando que la política científica ha sido un apéndice marginal del presupuesto nacional con el que se reparten dineros a una maquinaria populista, alejada de las recomendaciones de la Misión de Sabios. Ha impulsado debates de control político a MinCiencias sobre la precariedad laboral en la entidad -denunciada por el propio sindicato- y los problemas de probidad en su dirección, así como en la gestión y ejecución de recursos, insistiendo en la necesidad de incrementar la inversión pública en investigación, de proteger las instituciones encargadas de financiarla y de garantizar que los recursos de las regalías no se pierdan. También abanderó la creación de una comisión accidental de CTI en el Congreso, a la que apoyamos desde AvanCiencia para convertirla en un proyecto de ley que la formalice como Comisión Legal de Ciencia, Tecnología, Innovación y Estudios de Futuro.

Su liderazgo ha sido particularmente visible al garantizar recursos a las universidades oficiales y al combatir la corrupción en la educación superior. La reforma a los artículos 86 y 87 de la Ley 30 de 1992 es su principal logro y la legitima como la congresista que puede convocar a una reforma integral de esa anquilosada ley. También ha revelado los riesgos de la captura política en el manejo de los recursos de la educación, cuestionando convenios opacos que han incomodado a redes clientelistas y clanes que se lucran de una educación superior a la sombra, que opera con universidades de garaje que venden títulos y sirven para repartir contratos. Su apoyo al magisterio contra la improvisación del sistema de salud del Fomag no es aislado. Entiende que sin maestros con buenas condiciones, la educación no puede ser de calidad.

Comprendiendo la teoría de los Nobel Acemoglu y Robinson, voces como la de Jennifer son fundamentales para que Colombia se desarrolle con un modelo basado en el conocimiento, la educación y la ciencia. Ella entiende la complejidad del sector y lo ha defendido frente a la corrupción, abriendo caminos para discutir reformas estructurales que aseguren su sostenibilidad. Destacada por su rigor técnico, independencia y compromiso con decisiones informadas, transparentes y orientadas al bien público, su presencia en el Congreso es fundamental para el control de un Leviatán que, en este Gobierno, ha demostrado, por su ideología del cambio, ser despótico y caótico.

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