Analistas

Experiencia y conocimiento para la dignidad de la patria

Luis Antonio Orozco

Colombia atraviesa un momento crítico en su historia y la discusión de fondo no es entre izquierda y derecha, sino entre improvisación y experiencia, entre medidas de extrema ideología y decisiones fundamentadas en evidencia. En la década de 1990, el profesor Antanas Mockus, como alcalde de Bogotá, demostró que era posible hacer una nueva política. Su revolución fue cultural, gobernando desde la educación, administrando desde el conocimiento científico y transformando el comportamiento ciudadano desde el ejemplo. Demostró que la gestión pública puede apoyarse en la ética, el rigor académico y la coordinación de líderes -entre ellos mi maestro, José Luis Villaveces, quien fue su secretario de educación- capaces de tomar decisiones responsables con las futuras generaciones.

Esa forma de entender lo público la continuó Sergio Fajardo, otro profesor que asumió el reto de gobernar una ciudad reconocida mundialmente por la violencia, el narcotráfico, la ilegalidad y la desigualdad. Durante su alcaldía, Medellín inició una profunda transformación. La ciencia, la cultura, la educación y el emprendimiento se convirtieron en el núcleo de un proyecto urbano que no solo cambió la fisonomía de la ciudad, sino también la autoestima y el horizonte de su gente. Ese camino convirtió a Medellín en un referente internacional de innovación social y puso las bases para su consolidación como distrito especial de ciencia, tecnología e innovación de Colombia y como una de las capitales de la cuarta revolución industrial.

Como alcalde y luego como gobernador de Antioquia, Fajardo propuso, como él mismo escribió en su libro de 2017 El poder de la decencia, que: “la herramienta más potente a la hora de gobernar es la transparencia” (p. 127). De ahí surgieron las Ferias de la Transparencia en la Contratación, espacios en los que los ciudadanos podían conocer y vigilar el uso de los recursos públicos. No era un acto simbólico, sino político, de ejercer el poder junto a la ciudadanía. Reemplazó el reinado que instrumentalizaba a la mujer por políticas de equidad reales, como la creación de concursos de talentos y la Secretaría de las Mujeres, pionera en Colombia. Apostó por la “educación para la libertad y las oportunidades” (p. 173), con actividades como las olimpiadas del conocimiento, los clubes y redes de matemáticas, los pactos por la calidad educativa, los bancos de oportunidades y los parques educativos, que llevaron dignidad y esperanza a los territorios.

Fajardo permitió “entender el desarrollo de una manera completamente diferente, a partir de las dos grandes riquezas de Colombia: las capacidades y los talentos de nuestra gente, y la abundancia y diversidad de nuestra naturaleza” (p. 181). Por eso, junto con la educación, se promovieron la formalización empresarial, el emprendimiento y el fortalecimiento de los sectores productivos mediante una alianza de confianza mutua con el Grupo Empresarial Antioqueño y las universidades. En programas como el de cafés especiales, se articuló el desarrollo campesino, la ciencia y el mercado internacional.

Desde 1999, a partir de un decálogo de principios políticos donde los medios justifican el fin y privilegian la vida, la transparencia, la construcción colectiva, la no violencia, la responsabilidad, la diversidad y la democracia, Fajardo ha liderado un equipo que ha cambiado realidades articulando la seguridad, el desarrollo económico y el bienestar social con dignidad y compromiso, basado en el pilar sinérgico entre educación, ciencia, cultura y emprendimiento. También conoce bien las formas de coordinación entre gobierno municipal, departamental y nacional -hoy altamente fracturado-, porque lo hizo con éxito. Como bien resume al final de su libro: “Nosotros lo hemos hecho y estamos listos para hacerlo en toda Colombia” (p. 183).

La Ola Verde de 2010, liderada por Mockus y Fajardo, mostró que una política basada en la legalidad, la transparencia, la ética y el empoderamiento ciudadano podía generar esperanza real para el futuro de Colombia. Hoy, Colombia necesita esa experiencia y ese conocimiento para tomar decisiones responsables que recuperen la institucionalidad y la dignidad de la patria.

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