En el último mes en que usé Transmilenio (agosto), vi cuatro conatos de pelea entre ciudadanos que se negaban a pagar por el servicio y los vigilantes “disuasores” que se encuentran en las estaciones, entre otras que fueron virales por internet; tristemente, un pequeño porcentaje de estas fue ocasionado por ciudadanos de otras regiones, se notaba por su acento.
El intro de la serie The Equalizer -El Justiciero- definía a la Nueva York de los 80 como: criminalidad, consumo de drogas, deterioro urbano y una explosión artística maravillosa; era brutalmente decadente y poderosa al mismo tiempo. Bogotá se parece en algo a esa Nueva York: está hecha de regiones donde nadie parece ser dueño de ella, la tratan con un irrespeto vulgar, curiosamente, a la ciudad que nos da de todo, lo que no ocurre en nuestros lugares de origen; por eso la movilidad social.
La situación del transporte en Bogotá tiene un espejo al otro lado del mundo, en la India. Hace poco, millones de usuarios del tren se negaban a pagar el boleto; la baja moral de los pasajeros, el hacinamiento y el hecho de que aquellos que cumplían la norma no recibieran incentivo alguno afectaban a un sistema que mueve unos 23 millones de pasajeros al día. La compañía Indian Railways, ante esta situación y con el ánimo de fomentar la cultura de la integridad donde el respeto por las reglas a menudo no se valora (pareciera que estamos hablando de Bogotá), vio en ella una oportunidad reconociendo la honestidad.
Fue así como crearon la campaña Lucky Yatra, o viaje con suerte en español. Marcaron una tendencia cambiando un comportamiento masivo y resolviendo un problema concreto: el no pago del tiquete de tren en Mumbai. Convirtieron cada boleto de viaje en una posibilidad de ganar algo, reduciendo el fraude de viajeros colados en el transporte, que era un caos millonario: pérdidas de ingresos, falta de datos, peligrosidad para todos, algo semejante a la Bogotá de todos en el Transmilenio.
No se trataba de una promoción por sí misma, era algo mayor, un cambio de marco mental, donde el incentivo alineado con la cultura local era sencillo (pagas y ganas) y el premio no era necesariamente millonario, pero sí era frecuente, visible y creíble; esto es lo más importante. (Fuente: Ads of the World).
En la India, la suerte y jugar lotería tienen un arraigo profundo en el pueblo. ¿Cuáles serían los nuestros, considerando que hay, como yo, millones que venimos de regiones con usos y costumbres disímiles usando el Transmilenio -unos 4 millones de usuarios al día, según la Alcaldía de Bogotá-?
Hace poco Transmilenio implementó la campaña de no molestar con el ruido a quienes van en el articulado, pues cada vez es mayor el número de personas que usan su celular a todo volumen sin el menor asomo de vergüenza; tristemente, la campaña no se percibe al interior de los buses, como sí ocurrió hace unos años la de evitar portar morrales en la espalda durante el recorrido, algo que deben volver a recordar por estos días. Considerando que en un año estará rodando el metro, debemos, junto a las autoridades, gremios, universidades, colegios, equipos de fútbol y los mismos vendedores ambulantes, ¡todos!, implementar estrategias para amar este urbanismo que se abre ante nosotros.
La Caracas ha perdido su brillo: se evidencia que las obras pronto pasarán y el mobiliario urbano deteriorado y sucio debe tener otra visión, pues cientos de locales comerciales han sido vandalizados. Algo parecido ocurrió en Nueva York con el complejo Hudson Yards, el mayor proyecto de renovación urbana en la historia de Estados Unidos.
¿En qué creemos los que habitamos Bogotá? Cada pasaje es una oportunidad, cada día hay premios y cada semana uno mayor: fútbol, lotería, chance, mercados, camisetas de fútbol, lo que sea que incentive amar y cuidar nuestra ciudad. Estoy seguro de que miles de empresas se involucrarían en ello.