Analistas 09/03/2026

El perro no ladró

En El sabueso de los Baskerville, Arthur Conan Doyle dejó un aporte valioso para la ciencia forense por un detalle al parecer simple: si el perro no ladró la noche del crimen, es porque conocía a la persona que lo cometió, revelando que no es un ataque externo sino un enemigo interno. El silencio como pista: Sherlock Holmes lo notó de inmediato; el intruso era alguien que el perro conocía bien, un miembro de la familia o un empleado de confianza.

Lo ocurrido en Venezuela el 3 de enero (mismo día en que se entregó Noriega en 1990), con la extracción del dictador Maduro, nos pone de presente que Estados Unidos es y será líder indiscutible por muchos años. Cambiaron la estrategia y les funciona.

Según estudio publicado por el Barcelona Centre for International Affairs: (…) “la confianza de Occidente en las intervenciones internacionales para reconstruir un Estado posbélico (international statebuilding) ha menguado en los últimos años. Con el fin de la Guerra Fría, Estados Unidos y Europa se vieron capacitados y moralmente legitimados para liderar intervenciones de ayuda a la democratización, la paz y el desarrollo en países en conflicto”. Pero esto cambió. Los errores no fueron pocos y forzar un cambio de régimen y su reconstrucción siempre resultó cuestionado, pues el despliegue de recursos militares, económicos y políticos, ni qué decir de las vidas humanas, produjo efectos contrarios a los esperados: Afganistán e Irak como ejemplos. Sede vacante: cuando se permite el colapso de todo el poder, no solo de un general, un primer ministro o un presidente, los que llegan son generalmente más corruptos, más violentos y hambrientos de poder, creando un entorno peor.

¿Sucederá lo mismo en Irán? Aunque diametralmente opuesto a Venezuela, empezando porque su régimen teocrático lo hace en sí mismo un bloque de concreto con 47 años en el poder, ejerciéndolo con sus horrores en toda una región a punta de guerras proxy, los indicadores económicos y la actitud de China y Rusia pueden indicar otra cosa.

Si en el siglo XX la paz del mundo dependía de la estabilidad de los Balcanes, hoy el Medio Oriente es lo más parecido a fumarse un cigarro sobre un barril de pólvora. Lo que indican los mercados luego de una semana de guerra es que no subirá de tono. La Guardia Revolucionaria aguantará en medio de su propia paranoia, sin líderes que duren mucho y sintiendo que los servicios de inteligencia israelíes son su sombra y van un paso adelante, además de la fuerte presión ejercida por los kurdos.

China y Moscú miraron hacia otros lados: Putin, menguado pero con atómicas, lleva cuatro años enredado en un conflicto absurdo; está sin recursos, sin aliados y acorralado, aguantando a una Ucrania de la que nadie esperaba nada. No respaldó a Maduro, no respaldó a Irán y este lo sabía hace meses: tan solo comunicados. Teherán se dio cuenta de que Putin era amigo solo en los buenos tiempos, pero lo supo tarde y Estados Unidos actuó rápido.

China, que evolucionó a partes mejores del capitalismo, lleva años comprando petróleo barato en los mares de Asia sin control alguno a buques fantasmas: petróleo venezolano, iraní, ruso… para luego refinarlo en sus famosas “teteras”, refinerías “independientes”, aprovechando los descuentos enormes que dan estos regímenes dados los embargos y sanciones. En los últimos meses acumularon 900 millones de barriles, lo equivalente a 70 días de importaciones. Algo sabía Beijing, otra razón para creer que la guerra no se extenderá mucho. La IA y los chips ya están trabajando para contener la amenaza.

En adelante el petróleo se debe comprar al valor del mercado, que no es el mismo en tiempos de guerra, lo cual de inmediato generaría que la ficción sobre precios y subsidios multimillonarios que da China a todas sus industrias se ajuste, generando un respiro a una Europa dubitativa, a Estados Unidos y al mundo entero, nivelando la balanza, pudiendo China sufrir por ello.

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