En 2017 el japonés Yusaku Maezawa compró por unos US$110 millones un óleo que Jean-Michel Basquiat había pintado en 1982, y que a mediados de los 80´s fue vendido por unos US$19.000 a unos marchands d'art que, viendo cómo se aproximaba el fin de este artista dada su adicción a la heroína, corrieron a comprar su obra pues había sido señalado por Warhol como la figura del momento.
Este cuadro a cambio de la época, serían $1.800.000, ¿quién de nuestros padres o conocidos pudiera tener ese dinero entonces? Seguramente pocos, pues en 1982 el salario mínimo eran unos $7.410 unos US$106 a razón de $70 por dólar, por supuesto, una persona con ese ingreso no invertiría en un cuadro y menos de quien alguien que nunca había oído existía un tal Basquiat. Un Renault 4 nuevo costaba $100.000 como otro referente de época, pero ¿cómo ver estas cosas antes de que sucedan? ¿Como anticiparse, como aguantar por años una obra de arte y saber el momento exacto de venderla? curiosidad, educación, gusto, paciencia.
Quien fuera el mayor enemigo de Gordon Gekko; Bretton James (Wall Street II: Money Never Sleeps), lucía orgulloso en su oficina de Wall Street un cuadro pintado por Goya: Saturno devorando a su hijo, un Warhol con el rostro de Jacqueline Keneddy, una obra de la pintora surrealista Julie Heffernan, otro más de Keith Haring y la foto más famosa en la historia del motociclismo: Rollie Free tumbado sobre su moto tomada por Peter Stackpole, fotógrafo de Life.
El joven Jake More, cuando es invitado por James a trabajar con él y asombrado por esta “colección” le pregunta: ¿es usted coleccionista? La respuesta es brutal: Solo los obsesivos compulsivos y los inseguros necesitan coleccionar cosas, era inversión, pero también el placer que da contemplar una obra maestra.
Hoy los jóvenes prefieren viajar y no comprar casa, no esperan media vida por una pensión, no piensan en ello, hacen inversiones en bitcoin, renta variable y todo con lo que puedan interactuar a diario, no quieren ir a preguntar por su inversión y que le digan: su dinero tiene que estar acá “parqueado” uno o más años, y menos estresarse con la inflación, la geopolítica, el fenómeno del niño, un pésimo gobierno de turno y un largo etcétera.
Hoy la gente se mueve rápido, no quiere ser susceptible de estos avatares, antes la gente no se movía, aguantaba, hoy no, ante una crisis, se van, no vuelven, y los activos si sabe invertir, se van con ellos sin sufrir, y el arte estará siempre ahí disponible en cualquier momento, como decían los mayores: un cheque al portador.
El arte siempre ha sido un activo refugio seguro y muy rentable desde cuando los Medici; banqueros, políticos y mecenas, entendieron que el momento de la historia era ese apoyando a tipos como Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Sandro Botticelli, Donatelo, Rafael entre otros grandes, o en ciencias a figuras como Galileo Galilei, impulsaron el renacimiento.
Juntar los puntos mirando hacia atrás: comprar un Botero es prácticamente imposible para la mayoría hoy en día, sin embargo en nuestro país tenemos acceso a buen arte, un ejemplo es la bellísima Sala de Arte que Bancolombia abrió hace unos años en el edificio Atrio, se pueden observar obras de los inicios de Botero, Obregon, Rayo, Grau, Ramírez Villamizar entre otros y de varios siglos, y en una sala más pequeña y reservada, se encuentra la historia de la que les hablo; objetos, cuadros y otras más que aún no se están exhibidas, obras dadas en dación de pago por Jaime Michelsen Uribe, lo que demuestra una vez más como el arte ha sido una buena inversión. Allá se puede aprender.
Una buena obra impresiona y agrada, tanto así que en Florencia sucede algo que desde 1817 el escritor francés Marie-Henri Beyle, más conocido por el seudónimo de Stendhal escribió sobre su viaje a la capital toscana y que Graziella Magherini, psiquiatra del Hospital Santa María Nuova notó en 1989, un trastorno psiquiátrico al que bautizó como el Síndrome de Stendhal y que cada año manda a la clínica unos 20 mortales, consiste en: mareos, palpitaciones, despersonalización entre otras patologías al contemplar las obras de estos maestros.
Colombia siempre ha tenido buenos artistas muchos ya consagrados y otros en ese camino a la inmortalidad que resultarían interesantes y por ahora asequibles: Darío Ortíz, Doris Salcedo, Oscar Murillo, Felipe Cifuentes una promesa – realidad, dentro de una larga y excelente opción para que los banqueros y otros muchos profesionales vuelvan a adornar sus despachos y gente del común vuelquen su mirada al arte pues como vehículo de inversión y contemplación es valioso.