Analistas 26/02/2026

¿Miedo o geopolítica?

El 6 de marzo de 2020, el Ministerio de Salud reconoció en una joven de 19 años al paciente cero en Colombia de la covid-19. Seis años después, y con 172.000 fallecidos en el país, la pandemia dejó múltiples lecciones para quienes estuvieron dispuestos a aprender.

Una de ellas es la necesidad de incorporar la variable de la incertidumbre en nuestras vidas, en todos sus ámbitos.

Muy pocos, en sus diálogos cotidianos, se preocupaban, y aún lo hacen, por abordar las situaciones más difíciles de la realidad. Estas conversaciones se aplazaban sistemáticamente, principalmente por el miedo a enfrentarlas, y se sustituían por temas “optimistas” o escenarios idealizados. Sin embargo, la evolución es implacable. La historia siempre deja pistas: el mundo ha sido, incluso con sus anomalías, un fractal.

Así las cosas, ¿debemos huir ante las circunstancias locales, regionales y globales que vivimos? ¿A dónde huiríamos en caso de una guerra y sus consecuencias aparentemente impredecibles, de un mal gobierno o de una nueva pandemia? No es sencillo. En un mundo hiperconectado, donde los virus viajan en avión, tomar una mala decisión en este sentido sería como cambiarse de habitación en el Titanic.

Pero incluso si no sabemos cómo está diseñado el barco, dónde golpeó el iceberg, cuál será el último lugar en hundirse o dónde están los botes salvavidas, el desenlace es el mismo: moriremos todos, aunque no la memoria.

Partiendo del hecho de que todos somos finitos y vamos a morir, nos quitamos una preocupación. Permanecen otras: cuándo, cómo, a manos de quién, de qué y dónde.

Entre 1989 y 1990 se vivió algo parecido en Colombia y en el mundo. Pero esto ya había ocurrido antes y ha sucedido siempre, con intervalos aproximados de 30 años. Entonces, ¿cómo se comportó la gente en esas épocas?, ¿qué hizo?, ¿en qué invirtió? Un ejemplo ilustrativo: cuando Jean-Michel Basquiat tenía 25 años, algunos marchands d’art se enteraron de que consumía drogas de manera descontrolada en la caótica Nueva York de los años 80, principalmente heroína.

Corrieron a comprar toda la obra disponible, pues su mentor, Andy Warhol, lo había señalado y, en efecto, tenía talento. Treinta años después, Yusaku Maezawa, un coleccionista japonés, compró una de sus obras Sin título por algo más de US$100 millones. Ese mismo cuadro había sido vendido en 1981 por US$19.000, unos $1.500.000 de la época, una cifra que muchos podían tener entonces en Colombia.
¿Cómo ver estas cosas antes de que sucedan y antes que los demás?

La incertidumbre es como entrar a un cuarto oscuro, como esos sótanos de casas estadounidenses que aparecen en las películas: se baja por una escalera de madera y se llega a un espacio lleno de cachivaches, lavadoras, frascos y objetos esparcidos por todas partes, cosas que cortan y pueden causarnos daño. La certeza es lo contrario: es saber dónde está el interruptor de la luz, encenderlo, ver esos objetos y evitarlos. Es conocer los hechos, la historia, la geopolítica.

Voltaire dijo alguna vez que la incertidumbre es una posición incómoda, pero la certeza es una posición absurda. La evolución también lo enseña.

¿Cuándo será la próxima gran crisis? Estoy convencido de que ya está ocurriendo. Lo que sucede es que el mundo -como sistema complejo- no colapsa por rupturas evidentes y visibles. Evoluciona por acumulación: pequeñas modificaciones, pequeñas grietas. Eso es lo que debemos identificar, unir y comprender para construir el mapa completo antes de que el desenlace se revele.

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Geopolítica - Análisis - Covid-19