Analistas 01/09/2026

Aún no hay política exterior

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor titular de la Universidad Eafit

Hay cierta prisa en el debate público colombiano por ponerle nombre a la política exterior del gobierno de Abelardo de la Espriella (Adle). A tres semanas del inicio de su mandato, algunos análisis ya hablan de un giro, de una nueva orientación e incluso de la política exterior que caracterizará al nuevo gobierno. El problema no es analizar las primeras decisiones internacionales, sino convertirlas prematuramente en su política exterior.
Un nuevo gobierno comienza su ejercicio desde el primer día, pero no lo hace con una estrategia de internacionalización plenamente formulada, articulada e institucionalizada.

Al igual que ocurre con el Plan Nacional de Desarrollo, existe un período de construcción de prioridades, definición de objetivos y articulación institucional. Durante ese proceso, el ejercicio de la política internacional continúa y las actuaciones estatales no constituyen necesariamente un asunto estratégico.

Esta distinción es fundamental. Colombia ya está mostrando un comportamiento en la política internacional bajo el gobierno de Adle, expresado en decisiones, declaraciones y posiciones diplomáticas. Todo ello puede y debe analizarse, sin confundirlo con la estrategia de inserción internacional que el gobierno construirá.

Confundir ambas dimensiones conduce a una conclusión apresurada, pues no es correcto asumir que cada decisión internacional adoptada en las primeras semanas refleje la política exterior del gobierno. Una decisión puede ser significativa sin constituir una estrategia; varias decisiones pueden mostrar una tendencia sin que todavía exista una política exterior. Para hablar de esta última será necesario observar objetivos, prioridades, instrumentos, coherencia, institucionalización y, sobre todo, continuidad en el tiempo.

Esto no significa que deba esperarse hasta que transcurran meses de mandato para analizar al nuevo gobierno. Sus primeras actuaciones constituyen el material empírico que permite determinar hacia dónde se dirige. Habrá que observar si existe continuidad respecto de los gobiernos anteriores, si se producen rupturas, si surgen nuevas prioridades o si, como suele ocurrir en política exterior, se configura una combinación de continuidad y cambio.

Hay, además, otro riesgo evitable. Es inadecuado juzgar a priori la futura política exterior según el espectro político al que pertenece el gobierno. Que Adle represente una determinada corriente ideológica no permite anticipar si la política exterior que construya será acertada o equivocada. Tampoco admite calificar de positivas o negativas sus primeras actuaciones en la política internacional.

La política exterior debe evaluarse por sus objetivos, fundamentos, capacidad para proteger y promover los intereses del Estado y sus resultados, no por la identidad ideológica de quien ocupa la Presidencia. Lo mismo ocurre con la participación de Colombia en la política internacional. Una decisión no se vuelve acertada o equivocada por simplemente provenir de un gobierno de derecha o de izquierda. El análisis serio exige analizar y esperar evidencia suficiente.

Por ahora, puede hablarse de los primeros pasos del comportamiento internacional de Colombia durante el gobierno de Adle. Se pueden identificar señales, formular hipótesis y discutir posibles implicaciones. Lo que todavía no debería hacerse es presentar esas señales como si ya fueran su política exterior.

La diferencia puede parecer trivial, pero no lo es. Una democracia necesita discutir sus decisiones internacionales; una academia rigurosa requiere, además, distinguir entre lo que puede observarse y lo que está en construcción. Antes de anunciar la política exterior de Colombia, quizá convenga esperar su elaboración.

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Abelardo de la Espriella - Cancillería de Colombia - Plan Nacional de Desarrollo