Analistas 23/06/2026

Colombia después de agosto

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor titular de la Universidad Eafit

Conocidos los resultados de la elección presidencial y aunque pueda existir desconcierto en muchas personas, la realidad es que el presidente de Colombia será Abelardo de la Espriella, y es él quien tomará las riendas de un Estado con dificultades y sin un diálogo fluido y eficaz con los diversos actores del sistema internacional.

A partir de agosto, se espera que Colombia se oriente por una concepción de Estado basada en la recuperación del orden institucional, el fortalecimiento de la autoridad pública y la defensa del Estado de Derecho, como condiciones indispensables para garantizar la seguridad, el crecimiento económico y la estabilidad democrática.

Su proyecto político tendrá que partir del diagnóstico de que la capacidad del Estado para hacer cumplir la ley, proteger a sus ciudadanos y generar confianza institucional constituye la base necesaria para la recuperación del papel de Colombia en todos los ámbitos. Al menos, es lo que se podría deducir de lo expresado durante su campaña.

Contrario a lo experimentado durante estos cuatro años de la administración Petro en materia de política internacional, el nuevo Gobierno buscará reposicionar a Colombia como socio estratégico de las democracias liberales, otorgando especial importancia al fortalecimiento de las relaciones con Estados Unidos y otros aliados occidentales. Asimismo, es factible promover una política exterior que posicione la cooperación internacional como un instrumento al servicio de intereses nacionales concretos, especialmente en áreas como la seguridad, la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico, y la estabilidad regional. Esta orientación implicaría una estrategia menos centrada en afinidades ideológicas y más orientada a resultados estratégicos.

La administración entrante también deberá trabajar para recuperar una posición de liderazgo regional mediante la defensa activa de los valores democráticos y la institucionalidad. Frente a gobiernos que contraríen estos principios, tendrá que ser crítica, privilegiando la defensa de las libertades políticas, la separación de poderes y la vigencia de las instituciones democráticas. Esto, sin duda, marcará el desempeño internacional de Colombia.

En el ámbito económico, Abelardo de la Espriella se esforzará por impulsar una estrategia de inserción internacional basada en la promoción de la inversión extranjera, la seguridad jurídica, el fortalecimiento del sector privado y la participación de Colombia en las cadenas globales de valor. La política exterior económica tendrá como objetivo convertir la apertura internacional en un mecanismo para promover el crecimiento, el empleo y la competitividad.

Sin embargo, la implementación de esta agenda dependerá de su capacidad para articular las preferencias políticas con las condiciones institucionales y sociales del país. La relación con el Congreso, las cortes, los sectores económicos, la sociedad civil y los aliados externos será vital para convertir sus objetivos en políticas concretas. La política exterior no debe ser únicamente el resultado de la visión presidencial, sino también de la interacción entre el liderazgo, las instituciones y las capacidades estatales.

Finalmente, el principal desafío internacional de esta administración será adaptar una visión basada en el orden, la seguridad y la apertura económica a un escenario global caracterizado por la competencia entre grandes potencias, la transición energética, la transformación tecnológica y la fragmentación del orden global. Más que una simple recuperación de modelos anteriores, el reto consistirá en construir una estrategia que combine la defensa de alianzas tradicionales con una mayor diversificación internacional y una participación activa de Colombia en las nuevas dinámicas globales.

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