Analistas 13/02/2024

Lo de Bukele era obvio

Luis Fernando Vargas-Alzate
Profesor titular de la Universidad Eafit

Sin entrar en discusión sobre lo jurídico e improcedente de la reelección de Nayib Bukele en El Salvador, (aunque aclarando que para quien escribe sí existió inconstitucionalidad en la inscripción de su candidatura y posterior reelección), diversos aspectos son relevantes en el resultado que obtuvo el candidato presidente en la nación centroamericana. Para estas líneas dos de ellos cobran importancia superior y merecen unas ideas para el análisis. En primer lugar es menester resaltar la evaluación, concienzuda o no, que hace el elector sobre un gobierno determinado con base en evidencias. De otro lado, es importante la consideración del mismo elector por temor al retroceso.

Previo a revisar esos dos aspectos, es importante insistir en una aclaración fundamental. A pesar de la constante alusión desde algunos sectores de las sociedades latinoamericanas en que el actual mandatario salvadoreño es un hombre de “extrema derecha”, no existe algo tan lejano a la realidad.

Basta con revisar cómo se hizo políticamente Bukele para que esta tesis quede completamente desvirtuada. Por tanto, cuando el argumento para deslegitimarlo descansa sobre esos postulados, paradójicamente lo que se logra es aumentar su legitimidad que, por cierto, está ya bastante arriba en cifras.

El primero de los aspectos a considerar es el de la toma de decisiones del elector basada en evidencias. Eso se lee complejo, pero es realmente de fácil comprensión. Existe evidencia contundente en El Salvador de un mejoramiento ostensible de los indicadores sociales y de seguridad. Sumado a ello, una revisión a algunas de sus variables macroeconómicas, como consecuencia de la manera en que el país está siendo administrado, demuestra que la nación centroamericana tomó un rumbo positivamente inusual en la región.

La reducción de las muertes violentas refleja el cambio. El Salvador pasó de tener en 2015 una tasa de 106 homicidios por cada cien mil habitantes a la sorprendente cifra de 2023 que, de acuerdo con el Gobierno, se instaló en 2,4 muertes violentas por cada cien mil. A pesar de las críticas por posibles subregistros, la realidad es que el cambio ha sido drástico y plausible. Complementando lo anterior, se leen otros indicadores sobresalientes.

El Salvador cerró 2023 con una inflación esperada de 3%, una tasa de desempleo alrededor de 6% y un crecimiento de su producto interno bruto de 2,2%. También la inversión tuvo un ligero repunte en 2023. Ante una situación de inestabilidad como la que se vive actualmente en el planeta, estas cifras son positivas. De ahí que para cualquier sociedad resulte oportuno contar con un gobierno que administre de tal manera.

El otro aspecto importante para una lectura de los resultados electorales del pasado cuatro de febrero se conecta con el temor de esos mismos electores para que su país retroceda después de lo alcanzado. Este hecho plantea otra discusión.

De acuerdo con el informe Latinobarómetro (2023), El Salvador tiene 46% de apoyo a la democracia, mientras aumentan de 24% a 26% los indiferentes a un tipo de régimen, y 15% denota una preferencia por el autoritarismo. Así, podría decirse que 41% de los encuestados prefieren orden y seguridad sobre democracia. Por encima del análisis de si la democracia está funcionando correctamente o no en el país, los salvadoreños otorgan prelación a la seguridad. De ahí que la victoria de Bukele nunca se pusiera en duda. Resultó aplastante por obvias razones.

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