Analistas 01/02/2026

Innovación en la democracia como propósito de nación

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Ganadero, abogado y economista agrícola

Los problemas sociales, políticos y económicos siguen siendo los mismos de hace 50 años, como sociedad solo hemos profundizado en las excusas para no solucionarlos. Se han agudizado y el 8 de marzo el país define entre el bien y el mal, el modelo de económico de mercados o el narco-comunismo modelo SSXXI, entre ser libres o ser secuestrados por la subversión

Cobran actualidad los discursos de la Andi de 1974 a 1991, y los de posesión de Uribe en 2002 y 2006 respaldados por los resultados de la seguridad democrática como política de Estado. ¿Y que es la seguridad democrática? Simplemente una metodología innovadora que conjuga: seguridad ciudadana, garantías y libertades sociales, transparencia en la gestión pública, una actividad económica orientada a la cohesión social, y el respeto por la independencia de poderes.

Antes y después la seguridad democrática, en lugar de transformarnos hemos dejado multiplicar y normalizar la corrupción, la impunidad, la ilegalidad, la informalidad y los efectos nocivos de un narcoterrorismo disfrazado de ideología de izquierda. Nos gobierna el crimen organizado y corremos el riesgo de que se consolide el caos y la miseria que causa el modelo narco-SSXXI.

Cuando hay determinación política responsable de hacer las cosas bien, en derecho las cosas se pueden deshacer de la misma forma en que se hacen, sin necesidad de comprar conciencias, de violentar las leyes ni de acudir al clientelismo.

Para que el país funcione y haya efectividad en el desarrollo, la construcción de políticas públicas implica voluntad de servicio, de mejorar lo que ha dado resultado y enmendar los errores cometidos, eliminar las conductas e iniciativas que han permitido el desprestigio de un parlamento dedicado al debate ideológico, eliminar lo que no es compatible con el sistema de libertades, y adoptar legislaciones que atiendan las necesidades de la gente.

Si queremos democracia, necesitamos un parlamento innovador, que trabaje en equipo con el administrativo por el bien común, capaz de enfocarse en el fortalecimiento institucional por medio de la recuperación ética y moral, la innovación conceptual y tecnológica en la operatividad del Estado y así contener una cleptocracia que se nutre de la dependencia entre de poderes.

En nuestro caso innovar es tan simple como respetar y hacer cumplir la ley y el debido gobierno corporativo, asumir la digitalización del Estado, capacitar y calificar a todos los servidores públicos, preservar la ortodoxia en el manejo macroeconómico, crear incentivos a la inversión, y evitar vacíos legislativos obligando a todo servidor público a presentar un parte médico de salud física y mental, un pasado judicial y unos conocimientos acreditados con resultados.

Colombia necesita emprender un cambio cultural que eleve su conciencia ética y educativa. Lo demás son habladurías, cháchara, paja para lograr beneficios, figuración y vanaglorias individuales, que reducen el debate electoral a una contienda de loritos en una estaca haciendo bulla a ver quién “parlotea” más duro.

Recordemos que no hay libertad sin límites legales que impidan los abusos propios del libertinaje. Que la equidad consiste en darle a cada uno lo que le corresponde sin pretender que todos seamos lo mismo, mientras la igualdad solo aplica ante la ley y la generación de oportunidades.

La seguridad es el cimiento de la legalidad y la justicia como aplicación igualitaria del derecho, no de la distribución igualitaria del empobrecimiento. Comprobado está que las sociedades se descarrilan y no pueden rodar libres y de manera ordenada las democracias sin generación de riqueza que financie el desarrollo.

Colombia sabe mejor que nadie que una sociedad que no es segura no puede ser justa, no puede educarse, ni formar una cultura fundamentada en la ética de trabajo en equipo. La mejor definición de seguridad es el respeto a la ley y la justa medida de libertad y orden; no la trampa individualista, el rebusque, el engaño y la violencia.

Uribe es el único verdadero enemigo político que reconocen Petro, Cepeda y sus aliados criminales, pues saben que no lo pueden comprar ni engañar, y porque es el único que ha demostrado que sin seguridad democrática fracasan la legalidad y justicia.

¿Por qué somos tan soberbios e individualistas y estamos obstinados en ir divididos a una elección sin garantías, en lugar de dejar a Uribe comandar las banderas de la Libertad y el Orden, mientras podemos volver a una democracia funcional?

Votemos bien en marzo porque lejos están de la justicia social, las ideas revaluadas del comunismo, el socialismo Castro-Chavista, el populismo y el progresismo, que parten del odio de clases enmascarado de clamores de igualdad.

TEMAS


Gustavo Petro - Democracia - Innovación