Analistas 05/07/2026

Nutrir bien y enseñarles a los niños a ser buenas personas

Luis Guillermo Echeverri Vélez
Ganadero, abogado y economista agrícola

Gracias a la oportunidad que me dio en la vida Álvaro Uribe Vélez, tuve el privilegio de ser director del directorio del Banco Interamericano de Desarrollo durante ocho años de mi vida. Allí interactué con personas especializadas en desarrollo socioeconómico de 48 naciones y tuve la oportunidad de conocer las realidades y la operatividad de 26 países que reciben créditos y cooperaciones de esa institución, sus economías y sus factores de desarrollo social.

Pensé, cuando terminé mi misión, llena de satisfacciones y conocimientos, que ya sabía algo sobre desarrollo socioeconómico, hasta que llegué un día con mi padre a la Argentina y me volví a encontrar con un amigo de muchos años. Cuál no sería mi sorpresa cuando supe que sus empresas nutrían de verdad a casi ochocientos mil niños al día en las provincias del norte de ese país. Luego visité sus operaciones y conocí su equipo de trabajo, y entendí qué tan ignorante era yo en materia de desarrollo social y humano, económico y de comunidades, a pesar de haber ocupado posiciones como la que tuve en el BID.

Desde entonces comprendí que, justo en este siglo en el cual la humanidad entró en la era del conocimiento, las naciones, las sociedades, las comunidades, las familias y el ser humano no pueden desarrollar su potencial si no cuentan con una nutrición básica que permita formar cuerpos sanos, en los que vivan mentes sanas, que a la vez puedan nutrirse de ideas buenas y positivas que les permitan alcanzar niveles de bienestar y satisfacción, en la medida en que los niños lleguen a la juventud y al desarrollo como personas adultas que cumplen un papel en la sociedad.

Entonces fue allí donde, gracias a José Chediack, un empresario ejemplar con una misión de vida muy superior a lo imaginable entre todos aquellos que entienden la importancia de contribuir a la sociedad, y a su compañero en la quimera del grupo Phronesis de desarrollar uno de los mejores sistemas de nutrición infantil y de la madre gestante que existen en el mundo, el doctor Esteban Carmuega, autoridad mundial en pediatría nutricional, entendí el origen y, a la vez, la única forma de que las naciones pobres y de ingreso medio puedan abordar las dos políticas de Estado que son la base esencial de todo el desarrollo social, cultural, humano y económico de las naciones, las comunidades, las familias y las personas.

No hay misión más importante en el mundo que darle a una personita que empieza a vivir la posibilidad de desarrollar una mente y un cuerpo sanos para que luego puedan alcanzar su mayor rendimiento cognitivo y físico, y llevar una vida productiva, llena de logros, alegrías y realizaciones, y una convivencia fructífera para ellos mismos, para sus familias y para la sociedad donde crezcan y se desempeñen.

La nutrición infantil, que debe empezar desde la gestación, y la debe secundar un ejemplo y una educación que le permita a los niños aprender a ser buenos seres humanos, a tener referentes positivos, a crecer como personas normales, felices y contentos con lo que esté a su alcance, sabiendo que todo demanda esfuerzo, dedicación, orden y buenas intenciones, para luego poder vivir sin odios ni resentimientos, siendo seres disciplinados, orgullosos de sus propios esfuerzos para progresar, orientados a hacer lo correcto y nunca hacer el mal ni daño a otras personas ni a la sociedad en la cual viven.

La nutrición infantil y la educación básica: los temas de los cuales se tienen que ocupar los padres y el Estado si se quiere tener bienestar en una sociedad y una convivencia funcional, ordenada, próspera, trabajadora y feliz.

Qué raro pareciera que los políticos, los gobernantes y los líderes de este país no les presten atención a estos dos temas. Pero así es. Por mezquindad, el inmediatismo, el individualismo mezclado con la angurria, la envidia e ideología convertida en negocio, no les interesa y les da miedo embarcarse en acciones que demandan la formación de una cultura centrada en la nutrición óptima de los niños hasta, por lo menos, los 7.000 días de existencia, la educación física y su conexión con el desarrollo mental y la buena educación moral, ética, de principios, con matemática, con multilingüismo y comprensión de la naturaleza y las ciencias.

Hasta que, como sociedad, la nutrición infantil no constituya una política de Estado inamovible, seguiremos haciendo las veces del estúpido, convirtiendo necesidades de minorías y caprichos de algunos en derechos extruidos en la Constitución y los presupuestos. Seguiremos permitiendo que el magisterio se reduzca a un grito revolucionario destructor del futuro de la nación y, mientras sigamos jugando a las mentiras ideológicas y mediáticas, a la politiquería, el clientelismo y la corrupción en materia de gestión pública y empresarial, no tenemos derecho a preguntarnos, irónicamente: ¿de dónde sale tanta violencia, tanta drogadicción, tanto odio y tanto resentimiento como el que estamos viviendo en este país, ni por qué nos gobierna una clase mediocre que solo piensa en la figuración personal y el enriquecimiento fácil?

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