Todos contra el capitán del barco
En un país de bucaneros, es hora de que algunos se den cuenta que Uribe es un estadista probado, cuyos principios no están a la venta, que es un líder natural al que el pueblo quiere y respeta, aunque la dirigencia y los medios que lo usan para bien o para mal, abusen de su nobleza y le lleven tanta envidia porque sobresale y su presencia los opaca debido a que: NO es sobornable. Es humano y se equivoca con la gente ladina que lo usa, pero reconoce sus errores porque es un hombre honorable, patriota, generoso y respetuoso en demasía.
Al gobierno entrante le queda pendiente explicar al país a qué se referían cuando le dijeron a Uribe que tenían un compromiso personal con los Deluque. ¿Era de verdad ese señor quien iba a dignificar el poder legislativo?
Sin duda alguna nos salvamos de que nos embistiera el narco-comunismo en cabeza del heredero del PC-3, de las FARC-EP, del ELN y del nuevo M-19. Hay que agradecerle a la mediocridad de Petro y de quienes tenían todas las de ganar que nos salvamos “de chiripa” y que la registraduría no dio el brazo a torcer y las armas, el terrorismo y las trampas no fueron suficientes.
Las pasadas campañas fueron como se pronosticó un “reality show” vergonzoso: Una batalla entre muchos opositores a Uribe, unos pretendiendo emularlo para hacerse a su electorado y otros denigrando de él porque ese ha sido “el único argumento”, en un país que no es comunista. Cuarenta movimientos o alianzas temporales como le dicen ahora a la corrupción compartida y cien candidatos, de los cuales a ninguno le entregaría un empresario su negocio para manejarlo en ninguna circunstancia. Se les fue el tiempo en agresiones, errores, fanatismos y fanfarrias.
Qué vergüenza brillar así ante un mundo descuadrado con este remedo de democracia que sigue viva y victoriosa, pero demanda el reconocimiento abierto y franco los errores cometidos, si queremos que produzca algún fruto su victoria.
Como país no hemos sido capaces jurídica, política ni socialmente de hacer valer el triunfo en las urnas del “NO” en octubre de 2016. Esa asignatura está pendiente. De 2018 a 2022 había una misión y un compromiso con la nación, el electorado y la democracia de retorno a la legalidad plena, que no se cumplió. Se sabía que el referendo no se respetó y Santos impuso el “SI” a golpe de corrupción mediante sus operadores delincuenciales en el congreso y en la corte; se instauro la JEP y la comisión de la verdad por encima de la voluntad popular.
La tarea era volver a la legalidad y se incumplió a sabiendas que el mandato de honrar los acuerdos era ilegal, producto de coimas dolosas que llamaron “mermelada”, un montaje delincuencial, que ni el gobierno Duque, ni el congreso, ni los fiscales, procuradores y contralores ni las Fuerzas Armadas constitucionales desmontaron, mientras el único que resultó en la casa por cárcel injustamente fue Uribe. El hombre que con su trabajo y su credibilidad respaldó la democracia, a Santos, a Zuluaga, a Duque, a Hernández, a Fico y a un nuevo presidente que también se valió de su buen nombre para sobresalir y ganar, aunque dejando los pelos en el alambrado.
Fallaron los tres poderes públicos y los órganos de control, y los partidos políticos al igual que los parlamentarios, el Centro Democrático, el gobierno Duque, los liberales y conservadores, y falló Petro. No cumplieron el mandato para el cual se les eligió en materia de legalidad y por eso desembocamos y tuvimos un atraco de cuatro años.
Cuando no se tiene el valor de reconocer los errores cometidos en el pasado ni la voluntad de enmendarlos, se está condenado a seguir pagando las consecuencias. Y la verdad hoy no sabemos lo que nos espera: No sabemos si vamos a seguir en el mismo clientelismo, el mismo nepotismo, el mismo descaro de siempre o si vamos a un enfrentamiento sangriento de cuatro años con el ELN mientras las FARC-EP, el Clan del Golfo y las demás organizaciones criminales siguen aprovechando su bonanza cocalera.
¿Tendrá esto arreglo por la vía democrática si nos seguimos mintiendo unos a otros? ¿Volverá el país algún día a la normalidad en materia de legalidad o seguiremos de discurso en discurso, con cuatro locos reclamando la unidad de propósito nacional, mientras el show político de los ilegales continúa bailando al son del dinero mal habido de toda la delincuencia pública y privada nacional e internacional que tiene el país inundado de dólares y corrupción?
En 100 días lo veremos. Entre tanto yo aún no comprendo por qué pudo participar en una elección democrática un partido y un candidato antisistema que amenaza terminar las libertades sociales y económicas y utiliza la justicia y el terror como instrumento político.