A este gobierno le quedan días y el nefasto balance final no lo provee la oposición. Lo entregan sus propios funcionarios. Las revelaciones sobre la feria de coimas que articulaban las hermanas Juliana y Verónica Guerrero, prácticamente inquilinas del Palacio de Nariño, ya no pueden ser ignoradas o desviadas por el petrismo. Por primera vez las portentosas bodegas gubernamentales se han quedado calladas. Hasta María José Pizarro, siempre condescendiente, habló de “la radiografía perfecta del sistema clientelar” sin reconocer, obviamente, que este viene dirigido desde las más altas esferas de poder. Cuando el propio petrismo agacha la cabeza, la situación, como ellos mismos han dicho, se torna “indefendible”. Esto a pesar de que el gran líder del movimiento, el inquilino temporal de la sede presidencial, se echó al hombro la defensa de las controvertidas cortesanas.
No se trata de manzanas podridas, sino de toda una arquitectura de corrupción, una metodología de gobierno. Por mucho que intenten diluir el problema alegando que los malos manejos de la cosa pública han ocurrido en todos los gobiernos, lo que vemos ahora es de otro orden de magnitud. Nunca se habían visto situaciones como la de la ex secretaria general de la Presidencia, Angie Rodríguez, la mini-Delcy del régimen petrista. Pasó de funcionaria de extrema confianza del presidente, que vitoreaba la bandera de la Guerra a Muerte junto con el primer mandatario en la Plaza de Bolívar, a denunciar un concierto para delinquir en el alto gobierno desde el alto gobierno.
Porque eso es lo increíble. La señora Rodríguez se niega a trasladar $1,2 billones del Fondo de Adaptación a la Ungrd alegando que se los van a robar en la presidencia, como se han robado por lo menos otro billón de pesos, el que utilizó otro director del Dapre -hoy fugado a Nicaragua- para sobornar al Congreso. Así como Petro ha defendido a las pintorescas hermanitas Guerrero la ha emprendido en contra de mini-Delcy diciendo, literalmente, que está loca. Lo ha hecho violando todas las normas de reserva de información médica, al declararla insubsistente del cargo con la excusa de que sufre de incapacidad médica por razones psiquiátricas.
El petrismo sabe que su futuro está atado a la narrativa que logre construir sobre su paso por el gobierno. La máquina de divulgación progre viene construyendo la idea de que durante los últimos cuatro años el país cambió. Tenemos hoy más justicia social, más campesinos sin tierra, hemos avanzado en la adaptación climática, se controló el tráfico de drogas, se reivindicó la imagen internacional del país, se recuperó la educación pública y se le arrebató a los mercachifles la salud de los colombianos. Los ricos, dicen, chillan porque se les arrebataron sus privilegios.
Esto es paja. Fantasía pura. Espuma retórica para los influencers pagados del régimen. Esperemos que el próximo 7 de agosto este espejismo se esfume como el carruaje de la Cenicienta y que se conozca toda la inmundicia que estaba detrás de los candiles y el terciopelo con el cual estos los culebreros intentaron engañar al pueblo inocente.