Que el Pacto Histórico es un partido chavista, eso debería ser obvio. Un candidato como Iván Cepeda, que propone juramentarse sobre la “moribunda” constitución de 1991, debería ser prueba suficiente de lo anterior. La retórica llena de resentimiento, antiyanquismo, anticapitalismo, wokismo y tercermundismo de los cuadros del movimiento lo confirma. Inclusive uno de sus proto ideólogos, el vicecanciller Jaramillo Jassir, publicó un video donde pide a abrazar sin rubor las virtudes del comunismo. No tengan pena, nos dice: Stalin, Lenin, Castro, Pol Pot y Chávez eran unos buenos muchachos calumniados por sus enemigos de clase.
Sin embargo, en esta fase de la campaña electoral -y con la flotilla norteamericana todavía fondeada costa afuera de Caracas- no resulta muy prudente para los acólitos colombianos arrodillarse ante el Cuartel de la Montaña.
Por eso les toca contentarse con seguir los pasos de México. Desde 2018 se ha intentado imponer un nuevo régimen liderado por el partido Morena y su llamada Cuarta Transformación, la 4T. Muy a la mexicana se trata de un experimento con aspiraciones hegemónicas (ya tienen el control del congreso y de las cortes), parecido a lo que fue el PRI durante casi 70 años.
La metodología del “humanismo mexicano” consiste en aumentar desproporcionadamente el gasto público, suspender todas las iniciativas público-privadas, congelar los servicios públicos, invertir en proyectos de infraestructura vistosos pero inútiles (como el Tren Maya) y expandir una retórica anti-ricos. ¡Ah! Y, sobre todo, subir sin misericordia el salario mínimo: 151% en términos reales en los últimos 7 años.
Esto le permitió a AMLO imponer a su sucesora y esta goza de una de las popularidades más altas de la región.
Los de aquí, como decíamos, siguen el ejemplo al pie de la letra, pero no se percatan de las consecuencias. Los analistas financieros estiman que lo de México es un espejismo económico. A pesar de su potencial para desplazar a China frente al mercado de los Estados Unidos el crecimiento mexicano del último largo lustro ha sido escuálido. La gente tiene dinero en el bolsillo debido a los subsidios del gobierno, lo que da una sensación de bienestar temporal, pero con una productividad estancada toda esta fiesta es al debe.
Las economías de México y de Colombia crecen a punta de gasto público y de consumo. Por ningún lado hay inversión. Mientras que en estos países (y también en Europa) nos distrajimos con las quimeras redistributivas y con la falacia de la transición energética -castrando los combustibles fósiles y la minería y cayendo, además, en la madriguera del identitarismo woke- en EE. UU. y China se mueven aceleradamente hacía la transformación más importante de la historia humana: la inteligencia artificial.
La escritora Ayn Rand decía que uno podía ignorar la realidad, pero lo que no podía hacer era ignorar las consecuencias de ignorar la realidad. O retornamos al sentido común donde primero se crea la riqueza y después se piensa en distribuirla, o tendremos un futuro incierto por delante.