Analistas 04/02/2026

La tragedia cubana

“Comunismo es poder soviético más la electrificación de todo el país”, escribió Lenin en los albores de la revolución bolchevique. La idea que tenían los comunistas de ese entonces era que el desarrollo económico era fundamental para su proyecto: el paraíso del proletariado pasaba por las fábricas, las minas, las hidroeléctricas, las autopistas, los puertos y toda la infraestructura de la modernidad.

Los chinos después de Mao compartieron el concepto y entendieron que la mejor manera de lograrlo -en realidad, la única manera- era convirtiéndose en capitalistas de hoz y martillo.

No pasó lo mismo con los cachorros rojos en América Latina, que, por ideología o física incompetencia, desgreño y corrupción, destruyeron lo poco o mucho de las sociedades que precedieron los experimentos colectivistas que se han intentado en el siglo XX y XXI en el continente.

Por ejemplo, Cuba antes de la catástrofe de 1959 era el segundo país más rico de América Latina, después de Argentina. Tenía una envidiable agroindustria -tuvo el primer ferrocarril del hemisferio occidental, primero inclusive que Estados Unidos- su población era sofisticada y educada y sus servicios sanitarios los mejores de la región. Era en ese entonces una economía de ingreso medio alto y su moneda cotizaba a la par del dólar.

Para comparar a la rica isla caribeña con la pobre Colombia de ese entonces se podrían presentar montañas de estadísticas, pero basta una: la moralidad infantil, que sirve como proxi de todo lo demás. En Cuba, por cada 100 niños que nacían, morían 3; en Colombia morían 12.

Castro y sus barbudos ilusionaron a un continente siempre ávido de soluciones milagrosas. En América Latina somos rápidos para comer cuento. La destrucción de la sociedad cubana y de su sólido aparato productivo se disimuló, primero, por la retórica reivindicativa que tanto gusta, y luego por los subsidios de la Unión Soviética. Sirvió, también, el embargo gringo, que se convirtió en la excusa perfecta para explicar todos los males de un sistema estructuralmente fallido. El llamado “periodo especial”, ocurrido después de la caída del muro de Berlín, ha debido conducir a una corrección del modelo, pero la llegada de Chávez les permitió continuar con el delirio.

Hasta ahora. Cuba nunca se recuperó del covid. Epidemias, huracanes, crisis de liderazgo y el colapso del sistema energético tienen a la isla en el peor momento de su historia. Según los datos más conservadores 15% de la población cubana ha huido. Quedan solo los viejos, y los enchufados. Con el fin de los suministros de petróleo de Venezuela y de México la isla pronto se apagará completamente.
Ya veremos si puede haber comunismo solo con poder soviético -el que aún ejerce el régimen castrista- pero sin electricidad. No parece, la gerontocracia que allí gobierna parece agotada ideológica y emocionalmente.

El regreso de la democracia a Venezuela y el fin del comunismo en Cuba cerrarían un capítulo de la historia latinoamericana donde las utopías llevaron a la locura. De ser así bienvenida entonces la doctrina Donroe.

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