Colombia se despertó después de cuatro de años de juerga petrista y encontró la cuenta sobre la mesa. Si nada cambia, el Carf estima que en 2027 la deuda neta de la Nación será superior al 67% del PIB. La última vez que algo parecido ocurrió fue durante la guerra de los Mil Días y ese episodio acabó en una de las primeras hiperinflaciones del planeta. El déficit, que en 2022 fue de 5,3% del PIB, cerraría este año en 7,8% y el déficit primario de 2025 fue el más alto en treinta años. Hoy, de cada tres pesos que recauda el Estado, uno se va en intereses.
No fue mala suerte. El gobierno Petro confundió el presupuesto con una piñata. Infló el funcionamiento, desbalanceó la economía con demagógicas alzas salariales y convirtió al Estado en un botín de compadres enchufados. Cuando el Carf le advirtió que no había razones para suspender la regla fiscal, activó la cláusula de escape para seguir la fiesta hasta 2027. El petrismo administró el patrimonio de los colombianos como si fuera la quincena de un borracho.
La Ley de Rescate busca un ajuste de unos $45 billones, el 2,2% del PIB. Siete de cada diez pesos salen del gasto: recorte del 50% en contratos de prestación de servicios, del 20% en funcionamiento, venta de activos improductivos y facultades extraordinarias por seis meses para podar el Estado. Es lo correcto, pero no es suficiente. La regla fiscal fija un ancla de deuda de 55% del PIB y un límite de 71%. El Carf calcula que estabilizar la deuda exige pasar de un déficit primario de 4,5% en 2027 a un superávit superior al 2% en 2028, es decir, más de seis puntos del PIB. Esto significa un ajuste severo: la ley propuesta es solo la primera cuota de la cuenta que nos dejó Petro.
Vamos a los impuestos. A nadie le gusta pagarlos, eso es claro. El proyecto baja el umbral de renta, lo cual es razonable. Lleva al 19% de IVA productos como el café, el azúcar, los licores y el cine. A cambio, devuelve la totalidad del IVA a 19 millones de colombianos. Además, baja tarifas a las mipymes y limita el impuesto al patrimonio. Ampliar la base y compensar de manera focalizada es lo que las misiones de expertos recomiendan hace años. Sin embargo, hay cosas para revisar. Gravar la medicina prepagada castiga a la clase media que, pagando de su bolsillo, descongestiona el apaleado sistema de salud. Pero en general la reforma va en la dirección correcta.
La gran pregunta es si pasará, y cómo. El presupuesto de 2027 se cayó por un vicio de trámite y terminó expedido por decreto. El primer ministro del Interior duró 76 días. Ni siquiera el Centro Democrático y Salvación Nacional están contentos. Este gobierno no se ha tomado el trabajo de construir una coalición amplia y estable, y para las facultades extraordinarias necesita mayoría absoluta. Llega a la cartera Alejandro Ordóñez, quien sedujo al Senado en dos ocasiones para que lo eligiera procurador. Pero es una figura controversial y el país que dejó hace ocho años ya no es el mismo. Esperemos que el remozado doctor Ordóñez pueda desplegar sus encantos políticos para el bien de todos los colombianos.