Analistas 12/08/2026

Luna de Hiel

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El gobierno del presidente De la Espriella no tendrá luna de miel. La oposición no se la ofreció y la naturaleza no se la otorgó. Le tocó, como dicen los gringos, tocar el piso corriendo.

Tiene un plan, por lo menos. Así quedó claro en el discurso de posesión, que fue un buen discurso. Los amargados de siempre prefirieron enfocarse en nimiedades estéticas para descalificar una ceremonia que le salió bien y que envió los mensajes adecuados. Criticar, por ejemplo, las intervenciones ecuménicas invocando el carácter lego de nuestra Constitución es una tontería. El Estado laico no es un Estado irreligioso. Aquí siempre los rituales republicanos han estado precedidos de misas y ceremonias religiosas. Hasta hay una bonita capilla católica en el Palacio de Nariño.

A los biempensantes les da erisipela la sola posibilidad de que el mandatario de los colombianos rece una avemaría, pero no decían nada cuando su antecesor mancilló la dignidad presidencial de todas las maneras posibles. Hasta llevó a la querida a visitar al Papa, mientras la primera dama se convertía en una causa célebre de las discotecas de Estocolmo no precisamente por su inmaculada discreción.

Está bien que el presidente les ponga atención a los temas simbólicos. El saludo militar y la firmeza por la patria le ganaron las elecciones. Sin embargo, si el rugido del Tigre se queda solo en rugido, la gente empezará a desilusionarse. La popularidad presidencial en Colombia siempre es efímera y cuando se pierde es muy difícil de recuperar.

Ahora tiene un magno reto frente a la catástrofe natural que lo recibió de entrada. El estreno marcará el talante de la nueva administración. Si se queda en ademanes, confirmará el escepticismo de algunos que lo apoyaron no por gran convicción sino porque pensaron que era mejor que la nefasta alternativa.
En esta situación deberían pensar en grande. Obviamente lo más importante en este momento es rescatar a los sobrevivientes y proveer refugio y alimento a los damnificados. A diferencia de las emergencias mentirosas dictaminadas por Petro, esta vez la declaratoria se encuentra plenamente justificada. Desempolvar las medidas que se tomaron en 1999 para afrontar una tragedia similar puede ser una buena manera de comenzar.
En ese entonces se creó el Fondo para la Reconstrucción y Desarrollo Social del Eje Cafetero, el Forec.

Esta entidad coordinó los recursos y las gestiones para levantar nuevamente la infraestructura social, económica y ambiental de la zona afectada. No había políticos involucrados, el esfuerzo estaba a cargo de notables de la región, empresarios y líderes sociales. A todas luces fue un éxito. El Eje Cafetero resurgió fortalecido y renovado después de la catástrofe.

Muchos de los gestores del Forec todavía están activos. Consultar con ellos los desafíos que surgen en estas situaciones puede ser una manera de hacer más eficiente la reconstrucción. Nunca hay que desaprovechar una crisis, decía famosamente Obama. El presidente De la Espriella tiene una indeseada oportunidad para picar en punta.

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Abelardo de la Espriella - Gobierno Nacional