Elecciones: hechos, no especulaciones

Manfred Grautoff

Dos experimentados columnistas escriben sobre el resultado de las consultas internas de los partidos de izquierda y derecha, que disputan la Presidencia de Colombia. Aunque están en orillas opuestas, recurren a un particular método de predicción, que consiste en darle valor cuantitativo a hechos no observables, transgrediendo el principio fundamental del método científico, que parte de analizar a partir de hechos palpables.

Estos reputados columnistas toman las cifras de las personas que votaron, atribuyéndoles una serie de comportamientos que no son verificables, es decir, asumen de la nada que los sufragantes de la consulta del Centro Democrático pertenecen a otras corrientes políticas y que votaron por ese partido en función de comportamientos de cálculo político. Este tipo de análisis bordea el campo de las teorías conspiratorias, desconociendo los avances de la economía conductual que llevo a Richard Thaler a obtener el premio Nobel de Economía hace tan solo tres meses.

Según la economía experimental, las personas no toman decisiones bajo un estricto marco de racionalidad, sino que son influenciadas por el ambiente social, así que los cálculos estrictos de la vieja escuela microeconómica son revaluados. Bajo esas circunstancias, asumir que una persona cuando va rumbo a las urnas y se coloca frente al tarjetón electoral realiza un complejo cálculo de probabilidades para votar en la consulta por Iván Duque y después cambiará su voto en las presidenciales a favor de Germán Vargas Lleras es inconsistente, pues las personas no se comportan de esta forma. Según el acervo investigativo, un ser humano no altera sus decisiones, por el contrario, sigue tomando decisiones similares porque el cerebro humano esta diseñado para simplificar las elecciones. Además, cuando cambia su comportamiento, es porque algo relevante dentro de las interacciones sociales ha sido modificado.

En las actuales elecciones, el escenario político mantiene sus condiciones iniciales, esto es, la polarización alrededor del proceso de paz. En conclusión, no existe ninguna evidencia que indique que los ciudadanos realizaron cálculos sofisticados cuando ejercieron su derecho al voto. Así, la economía conductual diría que las personas que votaron por sus candidatos en las consultas partidistas, repetirán su conducta en la primera vuelta presidencial.

Finalmente, el único hecho observable, es que las votaciones del 11 de marzo muestran que la votación del Centro Democrático es similar a las votaciones del plebiscito a favor de NO, mientras que los votos de Gustavo Petro son 2,85 millones; lo que implica que las fuerzas de derecha, duplican las de izquierda.
En una pasada columna escribí que un candidato superestrella era ideal para ser derrotado por un candidato con una debilidad relativa; hechos, no especulaciones lo ratifican.

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