Lecciones para elecciones

Manfred Grautoff

Un hombre golpeado por los acontecimientos de su país, aparece en el New York Times, su lucha por elecciones justas, separación de poderes, así como transparencia en el gasto del Gobierno lo han conducido a la cárcel, es Leopoldo López. El envejecimiento prematuro, es el de toda una sociedad que pasa por el momento mas oscuro de su historia moderna.

La inflación ronda 3000% según cálculos extraoficiales, porque el Gobierno ni siquiera informa un hecho tan elemental como el nivel de precios, por su parte, el desabastecimiento de alimentos ha conducido a que una persona pierda 12 kilos de su peso corporal; las medicinas han desaparecido de las farmacias venezolanas, mientras que la tasa de homicidios por cien mil habitantes ronda los noventa puntos, convirtiendo a Caracas en la ciudad mas violenta del mundo.

¿Cómo puede ser posible que un país que posee las mayores reservas petroleras de la región, se encuentre en semejante situación? En un audio-blog de una afamada periodista afirmaba que las instituciones de Colombia y Venezuela eran diferentes, así que la solidez del sistema institucional de Colombia no permitiría que líderes de un partido político se entronizaran en el poder. En ese punto bastaría recordar que todo orden económico es susceptible a cambios estructurales, mas cuando existe una institución como la Presidencia, que agrupa tanto poder para lograr alterar los balances del mismo.

Ahora, afirmar que los procesos históricos de dos sociedades son distintos, no garantiza que un orden económico no pueda virar bruscamente. Para la muestra Corea del Sur y Corea del Norte, sociedades iguales en su composición étnica e histórica, que en 1950 tenían un PIB per-cápita por debajo del colombiano, sin embargo, en 2018 el ingreso por habitante de Corea Sur es superior al de cualquier país de Suramérica; mientras el de Corea del Norte, está en los últimos del planeta. A pesar que los procesos históricos son distintos en cada nación, las reglas de la economía y de las instituciones pueden cambiarlo todo de forma inesperada, una lección que nunca debería olvidarse.

Colombia enfrenta un proceso electoral donde se enarbola la lucha contra la corrupción, que prometen redistribuir el ingreso por medio de políticas de control de precios, promover impuestos sobre la tierra, fortalecer la banca publica, así como desarrollar un proceso de industrialización. Gravar la tierra, efectivamente podría rebajar el precio de la misma, pero para aplicarlo requiere de un aparato estatal de tal dimensión, que su alto costo terminaría por incrementar drásticamente la nomina estatal; la industrialización estatal no ha dado resultado y la banca publica difícilmente es la solución. Sobre todo, no queremos ver a un líder de oposición en la tapa del New York Times implorando por la reconstrucción de la otrora prospera economía colombiana.

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