Maduro: ¿Falsa bandera?

Manfred Grautoff

Durante el pasado sábado, a las 5:43 p.m., hora venezolana, se presentaron dos explosiones en la Avenida Bolívar de Caracas cuando transcurría un homenaje a la Guardia Nacional, una de las cuatro Fuerzas Armadas del país bolivariano, cuya función es asegurar el orden interno; es decir, es el cuerpo que ha enfrentado con brutalidad las protestas del pueblo venezolano contra el gobierno que preside Nicolás Maduro. Previamente, estaban formados marcialmente ante la tribuna presidencial, curiosamente reaccionan, rompiendo filas de manera tan inadecuada al momento de las detonaciones para buscar abrigo, como si estuvieran bajo fuego de artillería de alto calibre, mientras sus cuadros de mando no toman ninguna acción cundiendo el caos entre tropa y asistentes. Entre tanto, la reacción del esquema de seguridad del Presidente de Venezuela es errática, se ve cómo cinco hombres despliegan escudos de kevlar antibalas, otro despliega una sombrilla con el objetivo de obstaculizar la visión de un posible francotirador. Esta lenta y desorientada acción permite que no se evacue al mandatario ni se proteja a su familia.

Dentro de la cadena de hechos contradictorios, aparece una primera versión de los bomberos de Caracas, informando que se trató de una explosión de una pipeta de gas dentro de un edificio, después surge el comunicado oficial que habla de un ataque con drones cargados de C-4. De haberse empleado este tipo de material explosivo, hubiera provocado estragos en la estructura, porque este explosivo está diseñado para demoler o romper metal, hecho que no se aprecia en el sitio de impacto. Horas después, aparece un comunicado del grupo Soldados de Franelas que se atribuyen la autoría del hecho, al cual denominan operación Fénix. Curiosamente, el mismo nombre que recibió la acción que dio de baja al No 2 de las Farc, Raúl Reyes. Este comunicado, además, tiene un estilo grandilocuente con prosa similar a la empleada por el gobierno. Después aparece Nicolás Maduro, en cadena nacional, posando de víctima e informando que tiene seis capturados en un hecho de inverosímil eficiencia; además atribuye la acción al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.

Todas las piezas de este rompecabezas apuntan a una operación de falsa bandera, porque el atentado solo le sirve a un régimen desesperado por legitimarse en el poder, y le da argumentos para realizar una purga al interior de las Fuerzas Armadas, donde el ruido de sables es una amenaza latente, sumada a la hiperinflación que llegara, según el FMI, al millón por ciento, con un nivel de pobreza elevado, donde los ciudadanos pierden peso, salud por la escasez de alimentos, medicinas, infraestructura y seguridad. Mientras tanto, en Colombia, el nuevo presidente, Iván Duque, tendrá que lidiar con un dictador que recurrirá a cualquier truco barato para buscar en el gobierno colombiano el culpable de todas sus desgracias.

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