Alimentar el mundo responsablemente

Marcelo Altieri

Todas las naciones están en peligro de no tener suficiente alimento. Actualmente, más de 1.000 millones de personas se van a la cama sin comer. Uno de los mayores retos a superar es que la población pueda contar con alimentos nutritivos, que les permitan cubrir los requerimientos energéticos mínimos para llevar una vida saludable y activa.

Así mismo, la producción de alimentos enfrenta grandes desafíos: la falta de tierra cultivable, la creciente expansión urbana y la necesidad de preservar los ecosistemas estratégicos; y estos últimos son los que garantizan el sostenimiento de los procesos naturales, sociales y económicos, que a su vez velan por el mantenimiento de climas y suelos adecuados para la producción de alimentos.

Pocas veces, la sociedad es consciente de dónde proceden los nutrientes que consume; menos aún del esfuerzo que implica obtenerlos de la tierra. En promedio, una persona come tres veces al día y, por eso, la humanidad necesitaría una gran producción de alimentos para satisfacer la demanda de las más de 7.000 millones de personas que hoy viven en el mundo.
El desarrollo del campo debe ser una parte integral de las soluciones al desafío alimentario en cada país.

De acuerdo a la FAO, Colombia se ubica entre los lugares catalogados como despensa agrícola, debido a las ventajas competitivas de su sector agropecuario, que favorecen la producción de alimentos. Según estimaciones del gobierno colombiano, en el país existen 40 millones de hectáreas para la producción de alimentos y solo 7,6 millones de ellas están cultivadas al día de hoy.

El potencial está ahí, pero demos sacarle provecho. Sin duda, aumentar la productividad de los suelos se vuelve fundamental y en los fertilizantes tenemos la respuesta, tal y como lo descubrió el científico noruego Kristian Birkeland en 1905. Él fue uno de los pioneros en salvar vidas de la hambruna, alimentar a millones y ayudar a los agricultores a tener negocios más rentables, con la creación de nuestra compañía.

El uso de fertilizantes minerales permite mantener un uso efectivo y responsable del suelo, ante una población que crece rápidamente y demanda más comida. La nutrición de cultivos juega un papel fundamental en la cadena de valor, ya que asegura los elementos necesarios para garantizar la calidad del producto y la seguridad alimentaria que exigen los consumidores.

Por eso, la innovación, el conocimiento y el uso de nuevas tecnologías de fertilización, junto a buenas prácticas agrícolas, que ayuden a reducir emisiones de carbono y optimicen el uso de agua, son el camino para afrontar retos que imponen la escasez de alimentos y el cambio climático.

El llamado es a que todos los actores del sector agro reconozcamos el potencial de nuestros suelos y nos preocupemos más por su nutrición. Debemos acompañar más el campo con educación y capacitación para darle competitividad a nuestros productores, si queremos garantizar una agricultura sostenible, que nos permita alimentar el mundo responsablemente.

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