EE.UU.: Año de examen
En esta tercera entrega de la secuencia que me he propuesto compartir con algunas perspectivas 2026, me referiré a Estados Unidos y los temas que marcarán la relación con Colombia. En Washington hay años “normales” y años que cambian el tablero. 2026 se percibe como un año de examen, con elecciones de mitad de mandato y decisiones capaces de mover precios y mercados. Cuando se acerca el veredicto del votante, la política se concentra en lo que duele o alivia: costo de vida, empleo, seguridad y frontera. Y la política exterior se vuelve más transaccional: menos discurso, más intercambio.
En ese marco, la política exterior de Donald Trump tenderá a una acción selectiva, orientada a resultados inmediatos. Con un Departamento de Estado más operativo que ceremonial, habrá un interés renovado en América Latina, más preferencia por acuerdos concretos y presión puntual, con mayor atención y seguimiento. No es poesía diplomática, es gestión por métricas y verificación de alineamiento, una forma de medir, sin decirlo abiertamente, quién coopera y quién se aparta.
El gran examen -primer frente- serán los “midterms” de noviembre. Si el partido del Presidente pierde una o ambas cámaras, crecerá el bloqueo, la negociación presupuestal será más áspera, con más investigaciones y menor margen para iniciativas grandes. En ese ambiente sube el peso de decisiones ejecutivas y el incentivo a mostrarse duro en los temas que mueven electores.
En economía -segundo frente- manda la billetera. Inflación, vivienda, crédito y empleo seguirán dictando el sentimiento del consumidor. El punto sensible es lo que sucederá en la Reserva Federal una vez termine el mandato de Jerome Powell en mayo. El debate sobre sucesión e independencia puede mover tasas, dólar y financiamiento. Para Colombia, eso aterriza en deuda, prima de riesgo, flujos de capital, remesas e inversión.
El tercer frente es institucional y los límites del poder. Está pendiente el fallo de la Corte Suprema sobre el uso de la Ieepa para imponer aranceles amplios por vía ejecutiva. Si se valida un margen amplio, los aranceles quedarán como palanca rápida y política; si se acota, la presión migrará a otros mecanismos (sección 301 o 232, entre otros), además de controles en aduanas, exigencias de “cumplimiento” y regulaciones sectoriales. En ambos casos, habrá incentivos para condicionar decisiones comerciales a resultados en seguridad y migración.
Cuarto frente: el comercio. 2026 pondrá a prueba el equilibrio entre eficacia y asequibilidad. Si las medidas impulsan empleo sin encarecer la canasta, la narrativa se fortalece; si suben costos, se vuelven vulnerabilidad electoral. La revisión del Usmca en julio -aunque Colombia no participe- puede “derramar” estándares, trazabilidad y reglas de origen que terminarán fijando el piso regional.
Migración -quinto frente- seguirá definiendo el tono: coordinación consular, deportaciones, combate a redes criminales y sensibilidad extrema a señales de “cooperación insuficiente”. Y como amplificador, 2026 trae vitrinas como America250 y el Mundial de fútbol coorganizado con Canadá y México. Los símbolos multiplican reputación.
2026 será un año de examen para Estados Unidos y por extensión impacta a Colombia, de la que se espera menos narrativa, más resultados, menos confianza automática, más evidencia. La diplomacia abre la puerta, el acceso se gana con hechos, no con discursos.