El 10% y los retos que vienen
A seis meses de la entrada en vigor del arancel recíproco del 10% impuesto por Estados Unidos, Colombia ha demostrado que se adapta, flexibiliza y trabaja en equipo para ampliar sus posibilidades. Entre abril y agosto, las exportaciones no minero-energéticas (NME) hacia ese mercado crecieron 16%, alcanzando US$3.505,3 millones frente a los US$3.025,2 millones del mismo periodo de 2024, según cálculos de AmCham Colombia con base en cifras del Dane.
No solo crecimos en los tradicionales como café y banano, también en cacao, confites, puertas, muebles y más. Incluso en rubros sensibles, como el aguacate y el limón Tahití donde competimos con países con 0% de arancel. La pregunta ya no es si podemos competir, sino cómo mantener y escalar las ventajas, para lo cual considerar algunos riesgos.
El primero es la ventaja competitiva de terceros. Varios países latinoamericanos negocian para atenuar o eliminar el 10% con EE. UU. y pueden capturar cuotas de mercado hoy colombianas en agro y manufacturas. Urge agilizar una negociación priorizada por subpartidas con mayor tracción en el mercado estadounidense.
El segundo riesgo es quién paga el arancel. Según Goldman Sachs, el 88% del costo se asume dentro de Estados Unidos (51% empresas y 37% consumidores). Con acuerdos que benefician a socios como Reino Unido, Japón o Vietnam, los compradores estadounidenses trasladan el ajuste a los proveedores sin alivios equivalentes. Colombia debe asegurar condiciones similares para absorber el costo.
El tercer riesgo u oportunidad proviene del factor Corte Suprema. La decisión judicial que definirá el alcance legal del arancel probablemente lo limitará en tiempo o sectores, pero sin eliminarlo del todo. Eso implica que Colombia deberá monitorear, partida por partida, los sectores más expuestos y diseñar planes de continuidad de negocio.
Y el cuarto riesgo es el político-relacional pueden activar medidas selectivas con recargos específicos. En un entorno tan sensible, la diplomacia comercial será tan importante como la competitividad productiva.
Mantener el impulso exportador hacia Estados Unidos requiere acciones coordinadas y oportunas. El Gobierno debe acelerar una negociación que permita reducir o eliminar el 10 % aplicado a líneas estratégicas y agilizar los procesos técnicos y sanitarios. Los empresarios, por su parte, deben profundizar su gestión con los compradores estadounidenses mediante acuerdos que eviten sustituciones de proveedores y aseguren estabilidad en el largo plazo. El mercado de EE. UU. también demanda diversificación de la oferta y mejoras en la logística. Finalmente, la diplomacia comercial debe incorporar nuevos sectores y actores regionales que amplíen la base de confianza en la relación bilateral.
El crecimiento del 16% es el reflejo de la capacidad de adaptación, diplomacia comercial, innovación y compromiso. Sin embargo, el desafío ahora es transformar ese éxito coyuntural en una estrategia de largo plazo que consolide a Colombia como un proveedor confiable, sostenible y competitivo.
El 10% puso a prueba a Colombia, pero los verdaderos retos comienzan ahora: mantener lo comercial separado de lo político, sostener el impulso, anticipar los cambios y ganar tiempo para construir confianza para que cuando el tablero local y global vuelva a moverse, Colombia no solo resista, sino que lidere.