Analistas 19/01/2026

El mundo sin manual

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas

¡Entrando a este nuevo 2026 quiero desearles a todos un feliz año y lo mejor para los meses que vienen! En las próximas semanas publicaré una serie de columnas -sin bola de cristal, pero con datos- sobre las perspectivas económicas y políticas que delinearán la relación Colombia-Estados Unidos. Hoy abro con el telón de fondo: el contexto internacional. Porque, aunque Bogotá y Washington deciden el ámbito bilateral, el mundo también pone las reglas del juego.

De ahí el título: “el mundo sin manual”. No porque reine el caos, sino porque hay menos “instrucciones universales” y más excepciones negociadas. El multilateralismo pierde tracción, las reglas se vuelven difusas y la cooperación se arma en “coaliciones de voluntarios” con acuerdos puntuales en seguridad, comercio, migración, tecnología, energía y clima. Tras casi un año de disrupción, ya se perfilan cambios duraderos y surgen “coaliciones de supervivencia”: iniciativas como FIT-P y se reactivan arreglos como el Cptpp, pero el ajuste sigue siendo lento mientras sube el costo de no adaptarse. Para Colombia, es una oportunidad si se presenta como socio confiable y predecible: en 2026 la coherencia de señales vale tanto o más que la retórica.

Para este año, en lo económico, se prevé expansión moderada y riesgos entrecruzados; el FMI proyecta crecimiento global alrededor de 3,1% con inflación de 3,6% (EE.UU. 2,0%; UE 1,2% y emergentes alrededor de 4,0%).

Comercio e inversión llegan más politizados. La OMC prevé apenas 0,5% de crecimiento del comercio mundial de mercancías en 2026 y Unctad reportó una caída de 11% de la IED global en 2024 (sin “conduit”). A esto se suma un menú de medidas “quirúrgicas” (estándares, trazabilidad, inspecciones) que elevan costos sin tocar necesariamente aranceles. El comercio entre Colombia y EE.UU. puede tener más oportunidades, pero las exigencias cambia la cancha.

Clima y tecnología completan el cuadro. El Pnuma advierte que, cumpliendo NDC (planes climáticos que cada país presenta bajo el Acuerdo de París) el mundo iría a 2,3-2,5°C (2,8°C hoy), así que riesgos físicos y regulatorios convivirán.

La IA acelera decisiones de inversión y la OIT perfecciona la medición global de la exposición ocupacional a la IA generativa combinando datos, análisis y predicciones de modelos, especialmente en perfiles profesionales. En la agenda bilateral, esto se traduce en competitividad, talento, regulación, ciberseguridad y comercio digital.

Y sí, hasta el fútbol trae geopolítica. El Mundial 2026 en EE.UU., Canadá y México amplificará la sensibilidad regional sobre frontera, movilidad y logística (a veces, ni el VAR del multilateralismo alcanza).

Con este trasfondo, la relación Colombia-Estados Unidos entra a 2026 más transaccional y sujeta a resultados verificables. Hay tensión acumulada, pero también una ventana realista para recomponer el diálogo: la conversación presidencial del 7 de enero reabrió el canal directo. Ahora toca sostenerlo con agenda, mecanismos de seguimiento y hechos medibles. La estabilidad no llega “por inercia”.

En las próximas columnas aterrizaré este contexto en América Latina, donde se decantan muchas de estas tendencias, y luego iré tema por tema: seguridad, migración, Venezuela, comercio e inversión, energía y clima y tecnología.

Porque 2026 será, precisamente, un mundo sin manual, con más incertidumbre, menos reglas universales y más necesidad de navegar con criterio, gestión de riesgo y coherencia. En un año así, lo que se promete importa, lo que se cumple, decide. Y ahí está el reto compartido, juntos.

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