En defensa de la defensa

María Claudia Lacouture

Nadie pone en duda que en cualquier guerra los países tienen el derecho y el deber de defenderse. Pero no siempre la defensa es el ataque y no siempre un daño colateral debe asumirse como una agresión premeditada.

En medio de las batallas arancelarias que comenzaron a librarse entre las potencias -que podrían derivar en una guerra comercial planetaria-, y las secuelas que ya se sienten en algunos sectores de la industria nacional, han reaparecido las propuestas de apresurar una confrontación en paralelo al diálogo, como si esto compensara o tuviera algún poder disuasivo.

Durante la asamblea de la Andi en Cartagena, el ministro José Manuel Restrepo anunció la creación de una comisión especial para analizar esas situaciones que afectan a la industria colombiana. Una excelente iniciativa para evitar reacciones apresuradas.

El ministro se comprometió con el sector privado a tomar medidas rápidas y planteó un aumento de 15 % a los aranceles en las importaciones de acero y aluminio, y evitar que los contenedores que navegan a la deriva buscando un puerto para sus mercancías sobre-gravadas en EE.UU. afecten a nuestros productores.

Debe primar el apoyo a las empresas y el interés colectivo para generar acciones positivas para la gran mayoría. Por eso, antes habría que recordar que cada acuerdo comercial suscrito por Colombia tiene su respectivo capítulo de salvaguardas, que se incluyen para eso, para proteger a los empresarios, y que los pasos y las formas están muy establecidas y explicadas de diferentes maneras en las páginas virtuales del Mincit.

También dentro de este contexto se han expedido diferentes decretos que regulan la aplicación de medidas antidumping, con procedimientos en materia de prácticas desleales de comercio, mayor grado de rigor científico y analítico, con nuevos métodos de cálculo de los indicadores que se evalúan para detectar el perjuicio causado a la producción nacional y la relación causal entre esos hechos. En ese sentido, se facilitó la presentación de las pruebas y pasó de seis a nueve meses el tiempo de vigencia de las medidas preventivas que protegen al afectado mientras se toman decisiones de fondo en los tiempos legales establecidos.

La defensa comercial existe, las herramientas legales están acordadas, lo que también es cierto es que muchos empresarios lo desconocen, por lo que sería conveniente una campaña de evangelización, ojalá liderada por los propios gremios. Con las disputas, las posibilidades de un buen arreglo son más esquivas y pueden terminar en una pelea de tigre con burro amarrado.

Necesitamos mucha sensatez e inteligencia estratégica para llevar a nuestros socios a resolver el desequilibrio arancelario y centrarnos en conocer las oportunidades que surgen de las disputas de otros.

El comercio es dinámico y debemos estar atentos a las oportunidades. En el contexto actual, en AmCham Colombia hicimos un análisis de las movidas arancelarias para determinar en dónde están las opciones que pueden aprovechar los empresarios. Algunos dirán que es pescar en río revuelto, creo que es más bien tener los pies bien puestos sobre la tierra y actuar de manera proactiva.

No olvidemos que tenemos herramientas efectivas; seamos muy precisos en lo que pedimos y en lo que queremos; evitemos caer en el exceso y terminar padeciendo las consecuencias de haber sido más papistas que el Papa.

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