Analistas 16/03/2026

La abstención: el partido que elige

María Claudia Lacouture
Presidenta de AmCham Colombia y Aliadas

La abstención no hace bulla, pero elige. De los 41.287.084 colombianos habilitados para votar, casi la mitad no fue a las urnas en las legislativas. Esa sola frase debería bastar para incomodarnos, porque cuando casi la mitad se queda en la casa, el poder no lo ganan las mayorías: lo ganan, con demasiada facilidad, las minorías organizadas. No es magia democrática. Es aritmética.

Además, la abstención no pega igual en todas partes. Medida frente al potencial de votantes, los departamentos con peor participación en Cámara fueron Caquetá, Putumayo y Arauca, seguidos por Antioquia y Huila. Pero si miramos el volumen total de personas que no fueron a las urnas, el campanazo está en otro lado: Bogotá, Antioquia y Valle del Cauca, seguidos por Cundinamarca y Santander. Es decir, una cosa es dónde la abstención es más grave en porcentaje y otra dónde pesa más por tamaño.

Lo más interesante es que el mapa no es una condena inevitable. Sucre y Córdoba tuvieron niveles de participación mucho más altos. O sea: sí se puede. El problema no es solo la supuesta pereza cívica del colombiano, esa explicación tan elegante como inútil. Muchas veces el problema se llama trámite, distancia, tiempo, desinformación, miedo o simple agotamiento. La abstención no siempre es indiferencia; a veces es logística con mala fama.

En un trayecto en taxi por Bogotá hablé con el conductor sobre las elecciones y me dijo que no había votado. Le pregunté por qué y me respondió que no tenía inscrita la cédula y que no había tenido tiempo de hacer esa vuelta. Pensé que podía ser un caso aislado, pero al llegar a mi cita le hice la misma pregunta a la asistente y me dio exactamente la misma respuesta. Esa coincidencia vale más que cien paneles de expertos: para muchísima gente, inscribir la cédula sigue siendo un trámite engorroso. Y una democracia que exige demasiadas vueltas termina pareciéndose a una fila eterna, donde participan más fácilmente los más pacientes, los más organizados, los que tienen maquinaria.

Por eso, de cara a las próximas elecciones, la tarea más importante es sensibilizar, incentivar el voto y promover un voto informado y responsable. ¿Cómo hacerlo? Dando tiempo remunerado para inscribir la cédula y votar, llevando brigadas móviles a barrios y lugares de trabajo, ampliando horarios y convirtiendo la inscripción en una tarea acompañada por comunidades, universidades, empresas e iglesias. No es romanticismo: la evidencia muestra que acercar la logística electoral a la gente sí hace la diferencia.

Y aquí hay una pista poderosa: las mujeres son mayoría en el censo electoral. Ahí nosotras podemos hacer una diferencia real. No solo hablando de política, sino ayudando a que alguien llegue a la Registraduría, entienda el trámite, se anime y vote. La abstención no se derrota solamente con discursos heroicos; también se baja con favores concretos, recordatorios oportunos y redes de cuidado.

Y conviene mirarnos en el espejo regional sin complejos, pero sin excusas: mientras Costa Rica votó 69,08% en 2026, México 61,04% en 2024, Ecuador rondó 82% en 2025 y Uruguay estuvo cerca de 90% en 2024, nosotros seguimos celebrando como proeza el simple hecho de rozar la mitad. No puede ser que en Colombia el entusiasmo democrático se mida con vara de “no estuvo tan mal”. Esa frase, tan colombiana, sirve para muchas cosas; para la democracia, no.

TEMAS


abstencionismo - partidos políticos